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martes, 22 de enero de 2019

Plovdiv, el corazón de Bulgaria. Capital Cultural Europea 2019





Visa aérea de Plovdiv. Foto CNN



Plovdiv fue una de las grandes sorpresas de este viaje a Bulgaria. Uno de esos lugares asombrosos, con revelaciones inesperadas y muy agradables. Es esta una ciudad moderna, y culta cuyo pasado ha dejado un rico patrimonio arquitectónico. Además, su situación a orillas del río Maritza y sobre la base de la antigua ciudad romana, le da una singularidad especial. Es la segunda ciudad del país en importancia  y, sobre todo,  un cruce de caminos ya que , en ella  convergen las rutas de Asia Menor hacia Europa y del Centro de Asia hacia Grecia  y el Mar Egeo.  

Como ciudad es muy antigua, más que Atenas, Roma, Cartago o Constantinopla, aunque no siempre se la ha conocido con el mismo nombre y eso puede despistar. Los Tracios, en el siglo XII a.C, la llamaban  Evmolpia en honor al mitológico rey Evmolp a quien se  atribuye su fundación. La asentaron en la colina de Nebet Tepe donde ubicaron una fortificación defensiva que, sin embargo, no pudo impedir que el año 342 a. C fuera conquistada por los macedonios al mando del rey Filipo o Philippo II,  el padre de Alejandro Magno, que la bautizó con su propio nombre, Philippopolis o ciudad de Filipo, y reforzó la fortificación anterior con gruesas murallas. 

Años más tarde fue recuperada por los tracios que la llamaron  Pulpudeva (trasliteración  de Philippopolis),  hasta que en el siglo I la ciudad cayó bajo el dominio del Imperio Romano. Por su situación, a los romanos les interesó la ciudad porque desde ella controlaban el eje de la Via Diagonalis, la calzada romana que unía Singidunum, la actual Belgrado, con Constantinopla.. La llamaron Trimontium, ó ciudad de las tres colinas, convirtiéndola en el gran centro regional que , con los años, llegó a ser la capital de la provincia de Tracia. Debido a su crecimiento, la ciudad se expandió fuera de las fortificaciones, descendiendo hasta los pies de las colinas.

De nuevo en el siglo VI, volvió a ser conquistada, esta vez por los Eslavos que la rebautizaron como Puldin.  Por fin, en el año 815 la conquistaron los Búlgaros y pasó desde entonces a estar bajo control de Bizancio, durante más de 500 años,  hasta  que los ejércitos otomanos la ocuparon en 1365 y asignaron a la ciudad el nombre de Filibe.  

Durante el dominio turco, una parte de la urbe  fue destruida, sobre todo porque se derribó la arquitectura bizantina para levantar edificios de tipo oriental. No sería hasta mediados del siglo XVIII, cuando comenzó el llamado  Renacimiento Búlgaro (1762 - 1878), que la ciudad revivió y adquirió gran importancia y prosperidad.  Cuando en 1878  Rusia derrotó a Turquía, y dio paso a la independencia búlgara,  el nombre de la ciudad cambió de Filibe a Plovdiv y con él se ha mantenido hasta la actualidad. Durante el periodo de gobierno comunista que se estableció en el país después de la Segunda Guerra Mundial, Plovdiv fue el centro de diversos movimientos contrarrevolucionarios que derrocaron finalmente al régimen socialista en 1989. 

Casas y callejuelas de la Ciudad Antigua de Plovdiv.


Todo esto y mucho más nos explicaba nuestra guía Guergana,  mientras llegábamos al aparcamiento donde dejamos el autobús. Íbamos a adentrarnos en las entrañas de esta ciudad, el Casco Antiguo.  Es un conjunto urbano de callejuelas  adoquinadas y en cuesta, de aire muy antiguo, y un regusto oriental, con hermosas casonas y palacios de tiempos muy arcaicos. 

A principios del siglo XX, la ciudad se levantaba sobre siete colinas, pero una (Markovo Tepe) fue destruida para posibilitar la expansión de la ciudad. La Ciudad Antigua  está sobre tres colinas, la Trimontium romana. Las otras reciben los nombres de la Colina de la Juventud,  la de los Libertadores y la  de Danov, 

Un Paseo por Plovdiv


Esta ciudad de unos 400.000 habitantes, tiene un Casco Antiguo pintoresco y muy cuidado, con calles escarpadas y suelos adoquinados, bordeadas de casas pintadas en cálidos colores y adornadas con vigas de madera a la vista; una arquitectura muy especial  la de estas elegantes mansiones que suelen esconder patios muy atractivos. 

Arco de Hysar Kipia. 
Foto By Dennis Jarvishttps://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50280931


Desde la Plaza Alexander Malinov, comenzamos el ascenso hacia esta parte antigua. Al poco tiempo cruzamos por debajo del Arco de  Hisar Kapia, que en época romana era la puerta oriental de la urbe y por ella  se tomaaba el camino hacia el lejano oriente. Hoy  el arco sigue sostenido por dos lienzos de la muralla. 
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Nos vamos  aproximando a la calle Chomakov, en cuya parte alta y hacia la derecha, se accede hasta uno de los cerros repleto de restos arqueológicos. Allí, en lo alto de la colina,  estaba la primitiva fortaleza de los tracios y después de los romanos. Es un descampado en mal estado que, sin embargo nos  permite percibir desde lo alto, el desarrollo urbano  de la ciudad que queda al pie.

Antes de alcanzar el cerro, en la calle Chomakov, a mano derecha, encontramos un pequeño  jardín  recoleto pero muy bonito,  que anima la fachada esgrafiada  de una original casa del siglo XIX: es la Mansión Koyumdjloglu que alberga el recomendable Museo Etnográfico y acoge cada año el Festival de Música de Cámara. En la esquina contraria está la iglesia de San Constantino y Santa Elena cuyo  airoso campanario se inserta en la muralla romana. 

Casas del Renacimiento Búlgaro  en la Ciudad Antigua de  Plovdiv. Foto wikimedia.commons


Descendemos ahora en dirección al magnífico Teatro Romano. A ambos lados admiramos las casonas elegantes y típicas de esta ciudad. Estamos en la zona del llamado Renacimiento Búlgaro, de la primera mitad del siglo XIX,  y de este período Plovdiv conserva más de 150 casas, magníficos ejemplos que evidencian la abundancia económica que vivía la ciudad. 

Los comerciantes ricos, viajaban por toda Europa, de donde traían las ideas sobre las nuevas corrientes culturales y arquitectónicas. Exteriormente son edificios con fachadas decoradas de forma muy vistosa, en las que abunda la madera, Muchas casas guardan interiormente una simetría, de tal manera que en el centro se encuentra el salón principal y las habitaciones familiares alrededor del mismo. La mayoría se encuentran en buen estado de conservación. Algunas siguen habitadas pero casi todas se han convertido en museos, galerías de arte o incluso hoteles. Se recomiendan especialmente ver las casas Nedkovich, Stepan Hindlian, Balabanov o Kymyudzhievata. En la calle Knyaz Tzeretelev está por ejemplo, la casa de Lamartine donde el famoso escritor francés descansó de su viaje por Oriente en el año 1833. 

Al final de la calle vamos a encontrarnos con el mayor tesoro arquitectónico del viejo Plovdiv, el Teatro Romano: espectacular,  abierto sobre la ciudad,  construido aprovechando la falda de la colina,  muy bien restaurado y con amplia escena, que cada verano recibe espectáculos teatrales de gran calidad.

Teatro Romano. Foto Wikimedia. commons
   

Fue  construido en tiempos del  emperador  hispano Trajano, en el siglo II d. C., y es la mejor joya del arte romano  que se conserva de la antigua Philippopolis. Quedó muy dañado por un fuerte terremoto en el siglo IV d.C, y una buena parte de su estructura  quedó sepultada durante 14 siglos. Fue en el año 1978, cuando unos trabajos en la colina Dzambaz dejaron al descubierto esta joya en  mármol. Tiene una capacidad para 6.000 espectadores en sus 14 gradas que descienden en pronunciada pendiente. La Escena es amplia y con buena decoración de la época. Es sin duda el mejor sitio para realizar teatro y conciertos durante el verano.   

Desde el Teatro Romano nos acercamos a la vecina iglesia de la Dormición de la Madre de Dios, que alberga un magnifico Iconostasio. Es una construcción del siglo XIX, del Renacimiento Búlgaro, que ocupa el lugar de otra iglesia mucho más antigua destruida durante la ocupación otomana.   

Siguiendo nuestro paseo descendemos por una amplia escalinata hacia el parque y la  Mezquita Dzumaja Dzamija, una de la más antiguas de los Balcanes y la más grande de la ciudad. No muy lejos están los Baños otomanos de Chifte Banya convertidos hoy en una Galería de Arte.   

Mezquita Dzhumaya y gradas del Estadio Romano. Foto Bulgariatravel.org


Nos acercamos a los restos del  Estadio  Romano  que fue construido en tiempos de Marco Aurelio  en el siglo II d. C. y copiando el Estadio de Delfos en Grecia. Tenía 180 metros de longitud y capacidad de 30.000 espectadores. En la citada plaza, en un subterráneo construido con ocasión de la urbanización última, podemos ver el graderío de uno de sus sus extremos.   

Aquí se inicia la calle del Príncipe Alexander I, la gran arteria peatonal y comercial, que se  trazó sobre la estructura del Circo romano,  y está llena de vida y bullicio, cines y todo tipo de comercios de moda punteras. Abundan también los restaurantes donde degustar el puklin o el vreteno a base de carne de ternera o de cerdo. así como  las crepes con confitura o las dulces bakhlavas de almendras o de pistachos, entre otras exquisiteces.Pueden encontrase también  varios establecimientos que venden las cremas y productos de estética para el cuidado de la piel en general, y de la cara en particular, fabricados con las rosas de Bulgaria,  cultivadas en el famoso Valle de las Rosas en el centro del país.   

La calle del Príncipe Alexander I, la arteria más comercial. Foto terratour bg


En la misma calle Alexander I, en la plaza de Stefan Stambolov,  se sitúa el Ayuntamiento de la ciudad y  más adelante la Plaza Tsentralen de bellos jardines y fuentes, donde se ubicaba el Foro de Philippopolis, cuyos restos son visibles todavía..   

Aquí llegamos al  final de nuestro recorrido por el viejo Plovdiv. Había merecido la pena. Las huellas romanas, bizantinas y otomanas conviven con el moderno dinamismo  de esta ciudad, la segunda más grande del país. Los eventos que animan el barrio bohemio de Kapana, se van a multiplicar en este año, con motivo de la Capitalidad Cultural Europea 2019 . Más de 500 eventos culturales están programados durante todo el año. 


Starosel, la gran sorpresa 


   

Desde Plovdiv tuvimos ocasión de visitar la pequeña localidad de Starosel,  apenas a 50 Km. pero que guarda interesantes vestigios de la época tracia.   

Anexa a Hisarya, la antigua ciudad termal romana de Augusta Dioclecianópolis, cuyas impresionantes ruinas pueden visitarse, Starosel  se ubica al pie de la cordillera de Sredna Gora.  Starosel es conocido por los prehistoriadores por la abundancia de antiguos asentamientos del periodo neolítico y más tarde tracio. Algunos hallazgos arqueológicos  se han fechado en el  sexto milenio antes de Cristo. La evidencia de las excavaciones del siglo XX revela que la aldea creció hasta convertirse en una importante y rica ciudad tracia en el siglo V a.C.   

A 4 Km del centro urbano se halló en el año 2000 el  mayor complejo real tracio con mausoleo encontrado hasta ahora,  fechado a finales del siglo V  A. de C.  Consta de seis montículos, cada uno con un Templo en su interior - de ellos cuatro son únicos por su importancia  - y les acompañan varias tumbas de la realeza. Dos de estos santuarios,  el gran templo de “Chetinyova Moguila” por ejemplo,  se pueden visitar.  Este montículo en concreto, está rodeado por un muro de bloques de granito, con una longitud es de 241 metros y 3,5 metros de alto; este muro  describe un círculo que rodea el túmulo y que, según las creencias religiosas de los tracios, simboliza el Sol. Al parecer, en el templo se llevaban a cabo ceremonias religiosas asociadas con el culto a la Gran Diosa Madre, su hijo el Sol y Orfeo.   

En nuestra visita al lugar solo pudimos admirar el exterior.  El templo no estaba cerrado pero su “vigilante” no estaba en ese momento y no pudimos visitarlo. Luego nos hablaron de una sala redonda con columnas, inspirada en este monumento,   que habían imitado en las cercanas Bodegas de Starosel que visitamos a continuación. 

Las Bodegas, el Hotel y el Centro Termal de Starosel


La gran sorpresa de Starosel fue, sin embargo,  el Complejo Turístico Lúdico y termal  del mismo nombre que ofrecía instalaciones de un moderno Spa, piscinas, hotel, restaurante y todo ello en torno a una interesante Bodega que produce un excelente  vino blanco, rosado y tinto, en un lugar idílico,  rodeado de jardines y de sus propios viñedos.   

Sala de Catas de las Bodegas Starosel. Foto Bulgariatravel.org


Nos recibió el Gerente que amablemente nos enseño una parte de las instalaciones. Era fin de semana, y el Spa, tanto la piscina exterior como la interior estaban a rebosar de visitantes y los vimos de lejos. Sí nos mostraron el hotel y la zona de cuidados estéticos. La visita terminó con una Cata de Vino en la zona interior de un “ túmulo “ artificial, donde, bajo un techo redondo, había construido una Sala de Catas circular,  imitando la forma y decoración de los antiguos templos tracios, cuyos restos se hallan en el entorno. Allí dentro tuvimos ocasión de catar un vino de cada especialidad que, en aquel ambiente tan bien logrado, nos supieron a gloria. 

El almuerzo lo tuvimos en un restaurante del complejo, una edificación de aire rústico. La comida fue muy sabrosa, con especialidades de esta llanura tracia, especialmente carne acompañada de verduras. Y por supuesto con vino de la propia casa. Tras una breve pausa  para disfrutar de los jardines, comenzamos el camino de vuelta.   

Piscina termal del Complejo lúdico de Starosel. 


Ciertamente que, esta última visita en Bulgaria, nos había dejado un excelente sabor de boca. Por la autopista de Plovdiv a Sofia llegamos aun a tiempo de disfrutar del “shopping “ en el Centro Comercial Paradise, no muy lejos de nuestro hotel. Allí casi una planta entera eran tiendas de Mango y del Grupo Inditex ( Zara ), aunque los precios eran más bajos que en España.   

Al día siguiente  madrugamos para ir al aeropuerto. Aquel día amaneció con una fuerte nevada. En el aeropuerto de Sofia los equipos de deshielo de los aviones funcionaban a toda máquina, rociando los fuselajes, trenes de aterrizaje  y planos de las aeronaves, para quitar la nieve y el hielo que los cubría,  antes de salir a pista. Al fin con algo de retraso despegamos con destino a Madrid.   

Atrás quedaba una agradable semana y el recuerdo de un desconocido país que nos había mostrado parte de lo mejor que tiene. Es posible que regresemos algún día;  y entre tanto no dudamos en  recomendarlo.  Sin duda alguna  ¡¡¡¡¡



sábado, 28 de julio de 2018

EL Monasterio de Bachkovo, una obra de arte de la Fe Ortodoxa en Bulgaria







El monasterio de Bachkovo es el segundo más importante de Bulgaria, por tamaño e influencia, inmediatamente después del de Rila, del que hemos hablado en nuestro artículo anterior. Su nombre oficial es Monasterio de la Dormición de la Santa Madre de Dios de Bachkovo,  Es uno de los mayores y más antiguos monasterios de la Iglesia Ortodoxa Oriental  en Europa. 

Se encuentra en la orilla derecha del río Chepelare,  en los Montes Ródope, a 190 km de Sofía y 30 km al sur de la ciudad de Plovdiv. Directamente subordinado al Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Búlgara, el monasterio de Bachkovo es reconocido y apreciado por la combinación única de la cultura bizantina, georgiana y búlgara, unidas por la fe común.

Su historia 


Vista aérea del Monasterio de Bachkovo. Foto www.bachkovskimanastir.com by Atanas Dikov


El monasterio fue fundado en 1083 por el príncipe Gregorii Bakourianos, un prominente  militar de origen armenio, al servicio de Bizancio, como una abadía regida por monjes armenios y georgianos. Creó asimismo, dentro del recinto monástico,  una escuela religiosa o  seminario para jóvenes.  

En el siglo XIII, los monjes armenios, georgianos y calcedonios perdieron el control del monasterio, pero sus tradiciones se conservaron hasta principios del siglo XIV. Durante el Segundo Imperio Búlgaro (1185-1396), el monasterio de Bachkovo gozó de la protección imperial. Fue frecuentado por el zar Ivan Alejandro, como lo  evidencia una imagen suya que se conserva en los arcos del nártex o atrio del osario.  

El fundador de la Escuela Literaria de  Tarnovo,  y último patriarca de la iglesia ortodoxa búlgara medieval, Eutimio, fue expulsado de allí por los turcos tras la conquista de la entonces capital de Bulgaria. Eutimio, figura egregia de la iglesia ortodoxa,  lingüista de gran nivel intelectual y  reformador del idioma búlgaro, trabajó exiliado en la escuela del monasterio de Bachkovo,  a finales del siglo XIV y comienzos del XV,  donde falleció en 1404.

Icono milagroso de la Virgen María de Bachkovo


Aunque el monasterio sobrevivió a las primeras oleadas de la  invasión turca en tierras búlgaras, finalmente fue  saqueado y destruido, habiendo sido  restaurado en las últimas décadas del siglo XV. 

A comienzos del siglo XVII se realizaron nuevas edificaciones: el Refectorio se construyó en 1601 y la iglesia Sveta Bogorodica o de la Virgen María  se terminó en 1604.  

En  el siglo XIX se levantaron nuevos edificios. Así la iglesia dedicada a San Nicolas, donde  Zahari Zograf, el famoso pintor del Renacimiento búlgaro (1810 -1853) trabajó en el período entre 1838 y 1840.  

Durante los cinco siglos de gobierno otomano, Bachkovo contribuyó eficazmente al mantenimiento del idioma y la cultura búlgaros, en particular guardando muchos manuscritos. El monasterio de Bachkovo es lugar de reposo eterno tanto del patriarca Eutimio (1330-1404),  como del patriarca Kyril (1953-1971).

La visita  


Acceso principal al Monasterio. Foto bulgariatravel.org 


Nuestra visita al Monasterio de Bachkovo tuvo lugar desde la histórica  ciudad de Plovdiv, en la llanura tracia. En una agradable mañana soleada de diciembre y no excesivamente fría,  tomamos  la ruta de Asenovgrad, en dirección Sur. Poco despues de atravesar esta ciudad, entramos en la zona montañosa de los Montes Ródopes, a traves del valle del río Chepelare. 

La carretera sigue puntual los meandros del río, atravesando bellos paisajes boscosos. En un momento dado, dejando la vía, cruzamos un pequeño puente y tomamos a nuestra izquierda la corta subida hacia el  monasterio, que se levanta sobre un promontorio, dominando el curso del pequeño río.  Es un paseo agradable, en una  tranquila mañana de invierno de un día laborable. Aunque ahora no hay prácticamente visitantes, ya han abierto los numerosos puestos y pequeñas tiendas que ofrecen dulces típicos de la región y  artesanía de cerámica búlgara, así como productos naturales del campo para la salud y la belleza.  

Al Monasterio se accede por una pequeña puerta en arco, que da directamente sobre el primer patio o centro principal del conjunto monástico. Es el lugar preferido de los peregrinos y visitantes, un entorno apacible adornado con fuentes, flores en parterre, y hermosos  árboles como el gran ciprés, y el azufaifo  (Ziziphus jujuba), de cuyo fruto, por cierto,  los monjes destilan una excelente y afamado aguardiente " rakia".  

Este entorno que exhala sosiego monacal,  es también el lugar preferido por un clan de gatos que, tranquilos y retozando al sol, desdeñan la llegada del visitante.  El monasterio llevaba varios meses en obras y todos los empedrados  estaban levantados. Aún así pudimos disfrutar a placer de este espléndido lugar.

La abadía es un conjunto de planta cuadrada, con dos patios interiores separados por un edificio. En cada patio se encuentra una iglesia , rodeada por los espacios de alojamiento de los monjes, la de Sveta Bogoroditsa o de la Virgen María en el patio grande, a la derecha; y la de Sveti Nikola o de San Nicolás,  en el patio de la izquierda. En el edificio que separa ambos recintos se encuentran el Refectorio. 

La Iglesia de la Virgen María


Iglesia Catedral de la Virgen María. Foto bulgariatravel.org


La Iglesia Catedral de la Virgen María es el templo principal del Monasterio y lo primero que se ve cuando se entra en el primer patio.  

Fue levantada en 1604, en el mismo lugar que ocupaba un templo anterior, destruido por los  invasores turcos. El edificio ha sobrevivido hasta el día de hoy en su estructura original, de planta basilical  cruciforme abovedada,  de tres naves con tres ábsides pentagonales. Los murales en el espacioso atrio fueron pintados en 1643 y representan retratos de tamaño natural de Georgi y su hijo Constantino, nobles de alto rango en la corte de Estambul y donantes protectores de la iglesia.  Los frescos de la nave fueron pintados mucho más tarde, en 1850, por Joan Mosch (el Maestro Mosko).

La artesanía en madera del  iconostasio, excepcional,  y el trono del obispo datan también del siglo XVIII. Los dos íconos centrales, que  representan a la Virgen y a Jesucristo, están fechados con exactitud en 1793.

Este templo es famoso en todo el país porque guarda un valioso icono de la Virgen María Eleusa del año 1310, enmarcado en plata. Fue traído de Georgia, con fama antigua de milagroso,  y sigue  atrayendo a muchos peregrinos de Bulgaria y países circundantes.  

El Refectorio 


El Refectorio con los frescos del siglo XVII.  foto https://folkestonejack.wordpress.com


Es una de las joyas del monasterio. Tanto el refectorio como la cocina anexa fueron construidos en 1601 y decorados en 1643 con frescos recientemente restaurados. Las pinturas murales de la parte oriental reproducen escenas bíblicas como el Juicio Final, una representación del paraíso y, en el ábside, una imagen de la Virgen sentada. 

En la bóveda se ha pintado   el árbol de Jesé,  la genealogía del Mesías desde Abraham. Otros frescos que decoran el refectorio muestran retratos de filósofos, eruditos y escritores de la antigua Grecia así como diversas figuras del Antiguo Testamento. La larga mesa de mármol que ocupa del centro del refectorio,  data del año 1601. 

El mural panorámico 


El mural panorámico en el exterior del Refectorio. 


A  lo largo de la pared exterior del refectorio, una gran pintura mural panorámica representa la historia del monasterio de Bachkovo. Ofrece además  una vista extensa de la abadía con todos los edificios circundantes, en el momento de la ejecución de la obra, a mediados del siglo XIX. 

Bajo la influencia de diferentes condiciones atmosféricas como la lluvia, la nieve, la niebla, el frío y el viento, el mural escénico más grande de la península balcánica ha preservado la frescura de su pintura.  El año de realización  y la autoría de  la obra han podido determinarse gracias a una inscripción que estaba en las paredes exteriores del ala occidental del monasterio, que resultó dañada por el fuego en 1902. Esta inscripción decía: "La siguiente representación fue terminada bajo el ministerio del abad Cirilo el 22 de julio de 1846. La representación ha sido hecha por mi propia mano, Alexi Atanasov de Negush". 
El mural   resulta excepcionalmente interesante, tanto  por su gran tamaño como  por su valor testimonial,  artístico y artesanal.  

La Iglesia de San Nicolás 



Fresco del "Juicio Final" en el atrio de la iglesia de San Nicolás.


Detrás del refectorio se halla  la iglesia del siglo XIX, levantada en 1834,  dedicada a San Nicolás de Bari, Sveti Nicola, que solamente se abre para celebraciones bautismales. 

No obstante puede visitarse, en el atrio abierto, el famoso fresco del "Juicio Final", realizado en 1840 por el pintor búlgaro Zahari Zograf en su estilo característico,  con un marcado gusto narrativo. Zograf trabajó, además de en Bachkovo, en monasterios del Monte Athos,  Plovdiv, y Rila, siempre en pintura mural de escenas religiosas. El pintor se representa a sí mismo,  en la parte superior izquierda junto al Abad. En las arquivoltas, escenas de la Biblia como  la "Creación de Adán" o   "Caín matando a Abel". En la cúpula,  un "Cristo Pantocrátor". 

El Museo 


El museo del monasterio alberga  una extensa colección de antiguos libros litúrgicos, objetos rituales (incluidos muchos iconos), monedas antiguas, etc.. También podemos ver un "firman" o decreto original del sultán otomano  Mehmed II, que data de 1452, y una espada que, según la leyenda, fue dejada en el lugar por el emperador Federico I Barbarroja (1122-1190), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, durante la Tercera Cruzada.

El Osario 


La única parte que ha sobrevivido de la estructura original del monasterio es el osario, que tiene un diseño arquitectónico específico y frescos antiguos, y está situado en  altura,  unos 300 metros, sobre el complejo del monasterio actual. Parece inaccesible cuando se ve desde lejos. No tuvimos  ocasión de visitarlo. 



Una vez finalizada nuestra visita, descendemos por la  carretera de acceso, y esta vez, con tiempo, nos detenemos ante las curiosas tiendas que lo bordean.  Regresamos a Plovdiv,  donde nos espera una muy interesante visita. 

viernes, 8 de junio de 2018

Rila, perla de los Monasterios de Bulgaria.



Vista aérea del Monasterio de Rila. Foto https://www.youtube.com/watch?v=EGIGWQ-MqkM



Sin duda alguna los monasterios son uno de las grandes atractivos de Bulgaria. Y  entre ellos destaca especialmente el Monasterio de Rila,  uno de los símbolos del país y un destino turístico imprescindible. 

Tuvimos la fortuna de visitar Rila durante una de nuestras visitas desde la capital. Suerte además porque aquel día había dejado de nevar, y el sol brillaba en todo su esplendor. Situado a unos 120 kms al sur de Sofia, buena parte de la ruta se  efectúa por la carretera nacional A-3. Después de Boboshevo,  a partir del km 90, la ruta se desvía hacia el este, atravesando  bosques seculares de grandes coníferas, anidados en las montañas de Rila, siguiendo el valle del rio Rilska.  

En ese cambio de ruta nos fue apareciendo la nieve,  que ya nos había acompañado el día anterior en Sofia; cosa bastante normal para un lugar entre montañas a 1.200 metros de altitud y en el mes de diciembre.  

San Juan o Iván de Rila 

Se relaciona la fundación del Santo Monasterio de Rila con un ermitaño, Iván o Juan, que, en el siglo X, a una temprana edad y, al parecer desilusionado con la decadencia moral  de la sociedad medieval, se hizo monje eremita y se retiró a vivir a un lugar recóndito de la montaña. Allí pasó su vida en una cueva,  lejos de las vanidades y tentaciones del mundo. Nadie consiguió sacarle de su aislamiento , ni siquiera el rey Péter  quien  le visitó varias veces.  

 Iván de Rila, Icono del Santo, S X.
Foto, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3966364


Su hagiografía cuenta que Juan  vivió santamente en el hueco de un árbol,  tallado en forma de ataud. Pronto se extendió su fama de santidad y acudieron en su compañía otras eremitas que querían seguir su ejemplo. Al final de su vida fundó el monasterio para albergar a todos estos monjes ermitaños. Tras su muerte, la iglesia ortodoxa lo canonizó con el aprecio de su virtud, bajo el nombre de  Sveti Ivan Rilski o San Juan de Rila.  Su tumba  pronto  se convirtió en un lugar sagrado de peregrinación y el primitivo monasterio fue  transformándose poco a poco en un complejo mayor. 

Símbolo de la cultura búlgara, eslava y cristiana

Iglesia de la Natividad. Foto http://www.1zoom.me/es/wallpaper/513672/z10021.9/3840x2160


Desde su creación, el Monasterio de Rila fue siempre apoyado y respetado por los gobernantes búlgaros. Grandes donaciones fueron hechas por casi todos los zares del período medieval conocido como Segundo Imperio Búlgaro, hasta la conquista otomana, convirtiendo al Monasterio en un centro cultural y espiritual de conciencia nacional búlgara que alcanzó su apogeo entre los siglos XII al XIV.  Los edificios más antiguos del complejo son del siglo XIV: la Torre de Hrelja (1334-1335) y una pequeña iglesia justo al lado (1343). El trono del obispo y las puertas ricamente labradas del monasterio también se remontan al siglo XIV. 

Sin embargo, la llegada de los otomanos acabó provocando la decadencia y destrucción del monasterio a mediados del siglo XV. Gracias a las donaciones de la princesa serbia Mara Branković, de la Iglesia Ortodoxa Rusa y del monasterio Rossikon del Monte Athos, en Grecia, el monasterio de Rila fue reconstruido a finales del siglo XV  y las reliquias de Iván de Rila fueron traídas desde Tarnovo, donde habían sido trasladadas tras la invasión,  al nuevo complejo en 1469. El monasterio renovado actuó como depositario del idioma y la cultura búlgara en las épocas de dominio extranjero. 

El Renacimiento Nacional del siglo XIX

Frescos del pórtico de la Iglesia de la Natividad.
Foto https://descubrebulgaria.net/2016/02/20/el-monasterio-de-rila/nikona/


Durante el periodo del Renacimiento nacional búlgaro (siglos XVIII-XIX), Rila fue de nuevo destruido por un incendio, en el año 1833 y reconstruido otra vez entre 1834 y 1862 con la ayuda de adinerados búlgaros de todo el país, y bajo  la dirección del famoso arquitecto Alexi Rilets. 

La construcción de los edificios residenciales comenzó en 1836, mientras que un campanario se añadió a la Torre de Hrelyu en 1844.  El abad, profesor y artista Neofit Rilski fundó en el monasterio una influyente escuela de traducción y desarrollo del moderno idioma búlgaro.  Rila  es famoso también  por ser uno de los escondites de los revolucionarios búlgaros  contra el dominio turco. 



El complejo del monasterio, considerado como una de las principales obras maestras de la arquitectura del Renacimiento nacional búlgaro, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1976 y se convirtió en Patrimonio de la Humanidad por concesión de la UNESCO en 1983. Desde 1991  depende  del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Búlgara.

El 25 de mayo de 2002, el Papa Juan Pablo II visitó el monasterio de Rila durante su peregrinación a Bulgaria. Fue recibido por el Igumen ( Abad) del Monasterio, el Obispo Ioan, que había sido observador en el Concilio Vaticano II. 

Una arquitectura singular 

Edificio de las celdas monásticas. Foto https://www.mylittleadventure.com/best-things 


En su aspecto  actual, el Monasterio data pues en su mayor parte del siglo XIX. En el siglo XX se construyó el ala este, situada detrás de la iglesia y la torre. Visto desde el exterior el conjunto se asemeja a una fortaleza con ventanas. Tiene forma poligonal irregular y una única entrada  (la Dupnishka)  por el lado oeste; a través de la cual se accede directamente al hermosísimo patio del edificio. Es una vista preciosa, realzada en nuestro caso por el blanco manto de  la nieve que lo cubría. 


Frescos de pórtico. Detalle. Foto http://keramatad.com/english/landmarks-predela-hotel/rila-monastery-41/


El interior de esta fortaleza semeja unos grandes claustros abovedados situados  en diferentes pisos. Varias escaleras permiten acceder a ellos. Los arcos y algunas paredes tienen dibujos geométricos y a rayas, en tonos negros y rojizos, influencia de la arquitectura mamluk del Egipto otomano. Y en el centro de este inmenso patio la Torre de Hrelyu, con cinco plantas y evidente uso defensivo,  que es lo más antiguo del monasterio. 

Todo el conjunto monástico tiene una superficie de 8.800 metros cuadrados defendidos por un muro de 22 metros de alto. Una autentica fortaleza. El monasterio consta de alrededor de 300 salas, 100 de las cuales son celdas monásticas, a las que se accede por escaleras y corredores.  

La Iglesia  de la Natividad de la Virgen Madre

Iglesia de la Natividad. Interior. Iconostasio


La Iglesia, en el centro de todo el conjunto y bajo la advocación   de la Natividad de la Virgen Madre,  se construyó entre  1834 – 1837 y presenta una armoniosa estructura con un conjunto de cúpulas y arcos con rayas de colores, distribuidos a distintos niveles. Toda una arquería recorre el exterior repleto de murales policromados de gran belleza, otra de las joyas del monasterio.  

En el interior del templo, la gran alhaja es el Iconostasio; con 10 metros de largo y de madera tallada con estilizadas formas de adornos florales.  Y todo cubierto con pan de oro y salpicado de imágenes simbólicas de personas y animales, además de escenas bíblicas; son obra de los maestros procedentes de Samokov y Bansko. Aunque fueron muchos los artistas tanto del pincel como del cincel que trabajaron en esta iglesia, solamente Zachary Zograf dejó su firma. 

Como atractivo especial puede verse el Sarcófago de San Juan de Rila, y  la tumba del zar Boris III,  envenenado por los nazis en 1943 por su empeño en salvar a los judíos búlgaros. 

El Museo del Monasterio

Merece absolutamente la pena visitar el Museo cuya existencia data de finales del siglo XIX. La exposición del museo incluye ejemplos del arte búlgaro y extranjero de los siglos XIV al XIX, entre ellos  cuadros antiguos, piezas de orfebrería y cartularios.  

Cruz de Rafail.  Detalle


La pieza más valiosa es la llamada  Cruz de Rafail, una talla hecha de una pieza entera de madera (81 cm × 43 cm). Fue elaborada por un monje llamado Rafail usando buriles finos y lentes de aumento para recrear 104 escenas religiosas y 650 figuras en miniatura. El trabajo de esta obra de arte duró no menos de 12 años antes de que se completara en 1802, cuando el monje perdió la vista. 

Contiene también una rica Biblioteca con manuscritos de los  siglos XI al XIV así como libros impresos con miniaturas y objetos ornamentales de gran valor.  Con más tiempo se puede visitar la cueva donde vivió el santo y los aposentos de invitados de la abadía.  

El paseo de salida por el patio fue algo inolvidable,  a pesar del suelo peligroso por la nieve que caía intermitente. A escasos kilómetros de Rila, en un hotel-albergue, compartimos el comedor con un grupo de turistas japoneses. Y pudimos degustar las truchas del río Rilska. 

Al regreso, antes de llegar a Sofia, visitamos Bankia que, en tiempos, fue una magnifica estación balnearia,  hoy en total decadencia.