martes, 6 de septiembre de 2011

La Ruta de la Seda : Samarkanda (3), Necrópolis y Mausoleos


Siguiendo la tradición clásica, cualquier personaje importante debía construirse su mausoleo, que generalmente dejaba encargado y a veces incluso edificado en vida, solo a la espera de recibir su cuerpo mortal. En Samarkanda abundan los mausoleos, pero nos interesa especialmente un conjunto de ellos, tres exactamente, que están cercanos y pueden visitarse en un corto desplazamiento: Rukhabad, Ak-sarai y sobre todo el de Tamerlán. 

El mausoleo GUR - EMIR


Su nombre significa “la tumba del emir”, lo cual no deja de ser una redundancia con el término de mausoleo. Esta última palabra deriva del nombre del rey Mausolo de Caria, quien en época clásica, mandó construir el famoso Mausoleo de Halicarnaso, una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, con la idea de perdurar a través de los siglos. 

El mismo sentimiento tuvo Tamerlán para con su nieto Mahamud Sultán, cuya muerte en el año 1403, durante una campaña militar, fue una tragedia para su abuelo. Sultán era hijo de Jehanghir, el primogénito de Tamerlán, pero éste adoraba a su nieto mayor y le había declarado como su heredero. Por su gran cariño hacia él, renunció a ser enterrado en su ciudad natal de Chakhrisabz -- al sur de Samarkanda --  y decidió reposar en el nuevo mausoleo, junto con sus hijos y sus nietos, entre ellos nuestro ya conocido Ulug Beg.
El conjunto de Gur Emir es elegante y armonioso por fuera y espectacular por dentro. Se accede al conjunto por un gran pórtico azul que da paso a un patio franqueado por 4 esbeltos minaretes. Allí hubo en tiempos una medersa que ahora muestra solamente los basamentos de sus arcos y pilastras encontradas en recientes excavaciones.


El interior del mausoleo no es muy grande pero impresiona por su solidez, riqueza y colorido. Es una cámara octogonal toda decorada con motivos geométricos. El gigantesco tambor con inscripciones cúficas, sostiene una cúpula de 32 metros de alto, formada por 64 nervaduras de ladrillos esmaltados en verdes y amarillos, que contrastan con el turquesa de los mosaicos. Este interior espectacular muestra las paredes llenas de inscripciones coránicas, grabadas en oro sobre los mármoles.

La cara interna de la cúpula imita al cielo estrellado, mediante pequeñas estalactitas con entrelazados en oro. Las puertas son de maderas preciosas con incrustaciones de plata y nácar. Las ventanas se cierran con vidrieras de tonos amarillos. Los flashes que por doquier lanzaba nuestro grupo de visitantes prestaban a todo el conjunto una cierta teatralidad. Todo el conjunto exhala una sensación de fuerza y de refinada opulencia que contrasta con la extrema sobriedad de los sepulcros. 



Una barandilla de encaje en mármol blanco circunda el grupo de 7 tumbas de mármol oscuro que, a su vez, rodean una enorme placa de jade verde, aún más oscuro, de una sola pieza de 1,8 metros de longitud que alberga el cuerpo de Tamerlán. Su nieto Ulug Beg la hizo traer desde Mongolia en 1425, porque según una leyenda oriunda de China, el jade da poder divino. ¡Cabe imaginarse el peso de la losa y su traslado! ¿Fue acaso transportada a lomos de camellos?

En realidad las sepulcros son cenotafios vacíos, ya que las tumbas externas se corresponden con las que están en la cripta, y éstas sí contienen los verdaderos restos. La existencia, además, de una tumba dedicada al santón Mur Said Barakah, ha convertido a este mausoleo en punto de la ruta de peregrinación de los viajeros que van camino de La Meca.

Cercanos al Gur Emir se elevan dos pequeños mausoleos que completan el conjunto y contrastan con él por sus austeros exteriores.

El mausoleo RUKHABAD

Este mausoleo se encuentra cerca del Gur Emir, y perteneció a la familia de Sheikh Burkhan y su esposa china Bibi-Halifa, con sus diez hijos. Fue mandado construir por Tamerlán para honrar la memoria de este “ santón “- al que llamaban Sagardji -, que fue un hombre respetado por su cualidades morales. Fue edificado en 1380 en tiempos de Tamerlán y muestra una gran sencillez exterior ( símbolo del ascetismo de su dueño ), con una cúpula externa que está exenta de mosaicos y colores. Existe la leyenda de que bajo esta cúpula, se guarda una caja que custodia siete cabellos del profeta Mahoma. Precisamente por respeto a ellos, Tamerlán siempre se bajaba de su caballo cuando cruzaba por delante de este mausoleo.

El mausoleo AK-SARAI

 

Este mausoleo se halla situado detrás del Gur-Emir. Data de 1470 y por fuera es clásico pero sencillo, muy escueto, sin color y con ladrillos desnudos. Esto contrasta con el interior mucho más suntuoso. Tiene una cripta octogonal en mármol, y la cúpula que cubre este espacio interior presenta una cuidada ornamentación, tanto en el suelo como en las paredes; también en el techo que se adorna con una cascada de estalactitas. Los relieves en oro y las bellas gamas de colores nos recuerdan a una rica alfombra persa. 

Se dice que este panteón solo se comenzó a usar cuando el mausoleo Gur-Emir quedo completo de tumbas. Pero lo cierto es que se usó como tumba de Abdullatif, hijo de Ulug Beg, que fue ejecutado por su hermano cuando éste se enteró de que había mandado matar a su padre. Esto parecen confirmarlo los arqueólogos que, en la cripta , han encontrado y exhumado un único esqueleto que además no tiene cabeza. ¿Puede ser el cuerpo de Abdullatif, hijo y parricida de su padre Ulug Beg? 

Una vez finalizada la visita, nuestro hotel quedaba muy cerca del conjunto y llegamos hasta él dando un corto paseo. Tras un descanso, aún nos quedaba por admirar otra joya de Samarkanda.

La necrópolis de SHAH-I-ZINDA

 




A corta distancia de Afrosiab está la segunda joya de Samarkanda: Shah-i-Zinda. Una gran necrópolis y el lugar más sagrado de la ciudad, adosada a los muros más antiguos del casco antiguo. Es un conjunto impresionante, una necrópolis de mausoleos. Allí se asientan nada menos que 22 edificios funerarios de bellísimas portadas, cúpulas y adornos que se asoman a una larga escalinata en forma de calle. La mayoría son del siglo XIV y XV, y parece una apoteosis del arte de la cerámica. Es sin duda, una joya de toda el Asia Central. En lo más alto de la necrópolis se encuentra un cementerio en uso, de tumbas al aire libre.

Parece que el nacimiento de este lugar se remonta al año 676, con la llegada de Koussam-ibn-Abbas - primo de Mahoma -, que vino a convertir al Islam a toda la Sogdiana que, hasta ese momento, practicaba el Zoroastrismo, una religión de origen persa. La leyenda cuenta que una banda de adoradores del sol, le decapitó mientras estaba orando. Ya en 1333 hay constancia de que los habitantes de Samarkanda venían aquí cada jueves y cada domingo. Por ser un lugar sagrado, también hoy muchos uzbecos viene a pasar aquí unas horas de recogimiento y visita, siendo a veces familias enteras las que cumplen con este ritual, especialmente los viernes que es el día sagrado del Islam.

En los países islámicos las familias consideran que el cementerio es un lugar de reunión de vivos y muertos. Los mayores se sientan sobre las losas, todas muy parecidas y sencillas, charlan, e incluso comen pequeñas cosas juntos; mientras los niños corretean y juegan por los espacios libres. 

Durante nuestra visita nos encontramos con una abuela, su hija y su nieta paseando por las escalinatas del mausoleo. Las tres llevaban sus mejores galas por respeto hacia un lugar sagrado. Nos cautivó la niña con un vestido multicolor y numerosas puntillas; un gorro emperifollado, calcetines de encaje y unos zapatitos de tacón de unos 4 centímetros todo en color blanco. Una lluvia de fotos recibió a esta familia que, sin perder la sonrisa, posaron para nosotros, con la niña como protagonista. 




En tiempos de Tamerlán, la aristocracia timúrida mantuvo la tradición de levantar mausoleos en este lugar santo. Por ello, Shah-I-Zinda tiene construcciones de diferentes épocas. La base del memorial se remonta al siglo XI, y durante nueve siglos se ha seguido construyendo. Con la restauración auspiciada por la UNESCO, todo parece casi nuevo, aunque los interiores de cada mausoleo muestran su antigüedad, así como también los desastres del tiempo.

Visita de la Necrópolis


Nuestro recorrido comienza en el pórtico de entrada, monumental y elegante construido por Ulug Beg en 1435. Junto a él se suceden tres espacios cubiertos por cúpulas sencillas, donde se ubican una pequeña medersa, una mezquita y un lugar de descanso: el diván o “ iwan ”; es esta una gran sala abovedada abierta al patio, que se usa también como oratorio de verano. En este punto existen dos inmensos “ sufá “ de madera; son los sufá unas descomunales camas cuadradas (como de 2x2 metros) sobre unas altas patas y con respaldos en ambos lados. Por su altura y su forma es difícil sentarse en ellas, por lo que los uzbecos se suelen tumbar de medio lado, como lo hacían los antiguos romanos. En ellos la gente descansa, come, charla y hasta reza.

La calle tiene tres partes – baja, media y alta – por las que se asciende mediante escalinatas, separadas por “ tchortak “ a modo de grandes puertas, con portales en cúpula que forman un pasaje. A ambos lados de esta calle escalonada se suceden 12 mausoleos, 3 pequeñas mezquitas y otros elementos fundamentales. Las cubiertas presentan grandes cúpulas gallonadas, asentadas sobre esbeltos tambores, y todo ricamente decorado con cerámica vidriada, azulejos y mosaicos en policromías donde predominan los tonos verdes y azulados. Además la decoración se concentra, sobre todo, en torno a las puertas.


El principio básico que rige los motivos decorativos de este conjunto, es algo clásico en el arte islámico. La repetición ilimitada y simétrica de elementos geométricos y vegetales – pues representar figuras humanas ó de animales está prohibido -, producen una sensación de “horror al vacío“, con una densidad decorativa que llena todas las superficies. Abundan asimismo los elementos de epigráfica, esto es, inscripciones en lengua árabe de textos del Corán.

Pasada esta primera puerta, la escalera del paraíso nos lleva a un edificio con dos cúpulas azules casi simétricas; es el mausoleo de Qazi Zadeh Rumí, el mayor de todo el conjunto. Pasada la segunda tchortak aparecen cinco mausoleos distribuidos a ambos lados. Dos pertenecen a imanes y otros dos a una sobrina y una hermana de Tamerlán. El quinto tiene una curiosa forma octogonal y es anónimo.


Una calle ancha y plana con varios cenotafios vacíos, da paso a la tercera puerta, tras la cual se concentran los elementos más importantes de Shah – i – Zinda. Al lado izquierdo la mezquita y mausoleo de Touman Aka, joven esposa favorita de Tamerlán del año 1405; y enfrente, lo que para mí es lo mejor del conjunto, la mezquita de Koussam-Ibn-Abbas , el primo de Mahoma cuya historia he citado antes. La estancia es rectangular y tiene tres cúpulas al exterior. La siguiente habitación es la ziaratkhana ó Cámara de los Peregrinos, reconstruida en 1334 sobre basamentos del siglo XI. Y finalmente se llega al gourkhana ó Cámara Mortuoria donde está ubicada la tumba de Koussam desde 1380. La cámara que es muy pequeña pero de una gran riqueza decorativa, impone respeto al visitante. Salvando las distancias religiosas me recordó el silencio frente al sepulcro del Apóstol en Santiago. 

Una leyenda – profecía decía que en 1870, Koussam-ibn-Abbas, el santón decapitado, se reaparecería para echar a los rusos del país. La paradoja es que para evitar el culto en este lugar santo, los soviéticos en época de Stalin, convirtieron Cha-i-Zinda en Museo del Ateismo. La independencia de Uzbekistán ha devuelto el carácter sacro a esta calle, los fieles a sus mezquitas y las sepulturas a los peregrinos.


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