sábado, 28 de julio de 2018

EL Monasterio de Bachkovo, una obra de arte de la Fe Ortodoxa en Bulgaria







El monasterio de Bachkovo es el segundo más importante de Bulgaria, por tamaño e influencia, inmediatamente después del de Rila, del que hemos hablado en nuestro artículo anterior. Su nombre oficial es Monasterio de la Dormición de la Santa Madre de Dios de Bachkovo,  Es uno de los mayores y más antiguos monasterios de la Iglesia Ortodoxa Oriental  en Europa. 

Se encuentra en la orilla derecha del río Chepelare,  en los Montes Ródope, a 190 km de Sofía y 30 km al sur de la ciudad de Plovdiv. Directamente subordinado al Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Búlgara, el monasterio de Bachkovo es reconocido y apreciado por la combinación única de la cultura bizantina, georgiana y búlgara, unidas por la fe común.

Su historia 


Vista aérea del Monasterio de Bachkovo. Foto www.bachkovskimanastir.com by Atanas Dikov


El monasterio fue fundado en 1083 por el príncipe Gregorii Bakourianos, un prominente  militar de origen armenio, al servicio de Bizancio, como una abadía regida por monjes armenios y georgianos. Creó asimismo, dentro del recinto monástico,  una escuela religiosa o  seminario para jóvenes.  

En el siglo XIII, los monjes armenios, georgianos y calcedonios perdieron el control del monasterio, pero sus tradiciones se conservaron hasta principios del siglo XIV. Durante el Segundo Imperio Búlgaro (1185-1396), el monasterio de Bachkovo gozó de la protección imperial. Fue frecuentado por el zar Ivan Alejandro, como lo  evidencia una imagen suya que se conserva en los arcos del nártex o atrio del osario.  

El fundador de la Escuela Literaria de  Tarnovo,  y último patriarca de la iglesia ortodoxa búlgara medieval, Eutimio, fue expulsado de allí por los turcos tras la conquista de la entonces capital de Bulgaria. Eutimio, figura egregia de la iglesia ortodoxa,  lingüista de gran nivel intelectual y  reformador del idioma búlgaro, trabajó exiliado en la escuela del monasterio de Bachkovo,  a finales del siglo XIV y comienzos del XV,  donde falleció en 1404.

Icono milagroso de la Virgen María de Bachkovo


Aunque el monasterio sobrevivió a las primeras oleadas de la  invasión turca en tierras búlgaras, finalmente fue  saqueado y destruido, habiendo sido  restaurado en las últimas décadas del siglo XV. 

A comienzos del siglo XVII se realizaron nuevas edificaciones: el Refectorio se construyó en 1601 y la iglesia Sveta Bogorodica o de la Virgen María  se terminó en 1604.  

En  el siglo XIX se levantaron nuevos edificios. Así la iglesia dedicada a San Nicolas, donde  Zahari Zograf, el famoso pintor del Renacimiento búlgaro (1810 -1853) trabajó en el período entre 1838 y 1840.  

Durante los cinco siglos de gobierno otomano, Bachkovo contribuyó eficazmente al mantenimiento del idioma y la cultura búlgaros, en particular guardando muchos manuscritos. El monasterio de Bachkovo es lugar de reposo eterno tanto del patriarca Eutimio (1330-1404),  como del patriarca Kyril (1953-1971).

La visita  


Acceso principal al Monasterio. Foto bulgariatravel.org 


Nuestra visita al Monasterio de Bachkovo tuvo lugar desde la histórica  ciudad de Plovdiv, en la llanura tracia. En una agradable mañana soleada de diciembre y no excesivamente fría,  tomamos  la ruta de Asenovgrad, en dirección Sur. Poco despues de atravesar esta ciudad, entramos en la zona montañosa de los Montes Ródopes, a traves del valle del río Chepelare. 

La carretera sigue puntual los meandros del río, atravesando bellos paisajes boscosos. En un momento dado, dejando la vía, cruzamos un pequeño puente y tomamos a nuestra izquierda la corta subida hacia el  monasterio, que se levanta sobre un promontorio, dominando el curso del pequeño río.  Es un paseo agradable, en una  tranquila mañana de invierno de un día laborable. Aunque ahora no hay prácticamente visitantes, ya han abierto los numerosos puestos y pequeñas tiendas que ofrecen dulces típicos de la región y  artesanía de cerámica búlgara, así como productos naturales del campo para la salud y la belleza.  

Al Monasterio se accede por una pequeña puerta en arco, que da directamente sobre el primer patio o centro principal del conjunto monástico. Es el lugar preferido de los peregrinos y visitantes, un entorno apacible adornado con fuentes, flores en parterre, y hermosos  árboles como el gran ciprés, y el azufaifo  (Ziziphus jujuba), de cuyo fruto, por cierto,  los monjes destilan una excelente y afamado aguardiente " rakia".  

Este entorno que exhala sosiego monacal,  es también el lugar preferido por un clan de gatos que, tranquilos y retozando al sol, desdeñan la llegada del visitante.  El monasterio llevaba varios meses en obras y todos los empedrados  estaban levantados. Aún así pudimos disfrutar a placer de este espléndido lugar.

La abadía es un conjunto de planta cuadrada, con dos patios interiores separados por un edificio. En cada patio se encuentra una iglesia , rodeada por los espacios de alojamiento de los monjes, la de Sveta Bogoroditsa o de la Virgen María en el patio grande, a la derecha; y la de Sveti Nikola o de San Nicolás,  en el patio de la izquierda. En el edificio que separa ambos recintos se encuentran el Refectorio. 

La Iglesia de la Virgen María


Iglesia Catedral de la Virgen María. Foto bulgariatravel.org


La Iglesia Catedral de la Virgen María es el templo principal del Monasterio y lo primero que se ve cuando se entra en el primer patio.  

Fue levantada en 1604, en el mismo lugar que ocupaba un templo anterior, destruido por los  invasores turcos. El edificio ha sobrevivido hasta el día de hoy en su estructura original, de planta basilical  cruciforme abovedada,  de tres naves con tres ábsides pentagonales. Los murales en el espacioso atrio fueron pintados en 1643 y representan retratos de tamaño natural de Georgi y su hijo Constantino, nobles de alto rango en la corte de Estambul y donantes protectores de la iglesia.  Los frescos de la nave fueron pintados mucho más tarde, en 1850, por Joan Mosch (el Maestro Mosko).

La artesanía en madera del  iconostasio, excepcional,  y el trono del obispo datan también del siglo XVIII. Los dos íconos centrales, que  representan a la Virgen y a Jesucristo, están fechados con exactitud en 1793.

Este templo es famoso en todo el país porque guarda un valioso icono de la Virgen María Eleusa del año 1310, enmarcado en plata. Fue traído de Georgia, con fama antigua de milagroso,  y sigue  atrayendo a muchos peregrinos de Bulgaria y países circundantes.  

El Refectorio 


El Refectorio con los frescos del siglo XVII.  foto https://folkestonejack.wordpress.com


Es una de las joyas del monasterio. Tanto el refectorio como la cocina anexa fueron construidos en 1601 y decorados en 1643 con frescos recientemente restaurados. Las pinturas murales de la parte oriental reproducen escenas bíblicas como el Juicio Final, una representación del paraíso y, en el ábside, una imagen de la Virgen sentada. 

En la bóveda se ha pintado   el árbol de Jesé,  la genealogía del Mesías desde Abraham. Otros frescos que decoran el refectorio muestran retratos de filósofos, eruditos y escritores de la antigua Grecia así como diversas figuras del Antiguo Testamento. La larga mesa de mármol que ocupa del centro del refectorio,  data del año 1601. 

El mural panorámico 


El mural panorámico en el exterior del Refectorio. 


A  lo largo de la pared exterior del refectorio, una gran pintura mural panorámica representa la historia del monasterio de Bachkovo. Ofrece además  una vista extensa de la abadía con todos los edificios circundantes, en el momento de la ejecución de la obra, a mediados del siglo XIX. 

Bajo la influencia de diferentes condiciones atmosféricas como la lluvia, la nieve, la niebla, el frío y el viento, el mural escénico más grande de la península balcánica ha preservado la frescura de su pintura.  El año de realización  y la autoría de  la obra han podido determinarse gracias a una inscripción que estaba en las paredes exteriores del ala occidental del monasterio, que resultó dañada por el fuego en 1902. Esta inscripción decía: "La siguiente representación fue terminada bajo el ministerio del abad Cirilo el 22 de julio de 1846. La representación ha sido hecha por mi propia mano, Alexi Atanasov de Negush". 
El mural   resulta excepcionalmente interesante, tanto  por su gran tamaño como  por su valor testimonial,  artístico y artesanal.  

La Iglesia de San Nicolás 



Fresco del "Juicio Final" en el atrio de la iglesia de San Nicolás.


Detrás del refectorio se halla  la iglesia del siglo XIX, levantada en 1834,  dedicada a San Nicolás de Bari, Sveti Nicola, que solamente se abre para celebraciones bautismales. 

No obstante puede visitarse, en el atrio abierto, el famoso fresco del "Juicio Final", realizado en 1840 por el pintor búlgaro Zahari Zograf en su estilo característico,  con un marcado gusto narrativo. Zograf trabajó, además de en Bachkovo, en monasterios del Monte Athos,  Plovdiv, y Rila, siempre en pintura mural de escenas religiosas. El pintor se representa a sí mismo,  en la parte superior izquierda junto al Abad. En las arquivoltas, escenas de la Biblia como  la "Creación de Adán" o   "Caín matando a Abel". En la cúpula,  un "Cristo Pantocrátor". 

El Museo 


El museo del monasterio alberga  una extensa colección de antiguos libros litúrgicos, objetos rituales (incluidos muchos iconos), monedas antiguas, etc.. También podemos ver un "firman" o decreto original del sultán otomano  Mehmed II, que data de 1452, y una espada que, según la leyenda, fue dejada en el lugar por el emperador Federico I Barbarroja (1122-1190), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, durante la Tercera Cruzada.

El Osario 


La única parte que ha sobrevivido de la estructura original del monasterio es el osario, que tiene un diseño arquitectónico específico y frescos antiguos, y está situado en  altura,  unos 300 metros, sobre el complejo del monasterio actual. Parece inaccesible cuando se ve desde lejos. No tuvimos  ocasión de visitarlo. 



Una vez finalizada nuestra visita, descendemos por la  carretera de acceso, y esta vez, con tiempo, nos detenemos ante las curiosas tiendas que lo bordean.  Regresamos a Plovdiv,  donde nos espera una muy interesante visita. 

jueves, 21 de junio de 2018

Bragança, un pedazo de España en tierras portuguesas... y viceversa



La ciudad fue escenario de conflictos y hoy de entrañable amistad 




Situada allá donde se unen el Tras os Montes portugués con la española Zamora, Braganza –Bragança en la lengua de Camôes– ha sido testigo de interminables luchas entre los dos pueblos vecinos, ha pertenecido durante 60 al reino de España, desde Felipe II hasta Juan II de Bragança, y ha dado nombre a una de las familias con más linaje de Portugal, cuyos condes actuales son los aspirantes al trono del país luso.  

Una de sus ilustres ciudadanas, Bárbara de Braganza, fue reina de España al casarse con Fernando VI, fundó el convento de las Salesas en Madrid, donde reposan sus restos, junto a los del rey. Bragança es Portugal, claro, pero la cordialidad de sus gentes, la calurosa acogida al forastero hacen que uno se encuentre como en casa. 

El Castillo de Braganza


El espectacular  castillo preside  el núcleo urbano medieval .


Recuerdo de aquellos turbulentos tiempos es su espectacular y bien conservado castillo, que preside la ciudad y el núcleo urbano medieval dentro de sus murallas. En ellas se intercalan quince torres y tres puertas, en las que se destaca la Torre da Princesa, antigua dependencia de la Casa dos Alcaides, que esconde la leyenda de una princesa hecha prisionera, y la Puerta de la Vila que acoge a quienes visitan el castillo. Lo mandó construir en 1409 D. João I, sobre los cimientos del anterior, edificado por el primer rey de Portugal, Alfonso Henríquez.  

No es mal lugar para comenzar el recorrido por esta villa que guarda muchas sorpresas. Nada más entrar en la ciudadela o plaza de armas por la Puerta de la Vila, se descubre la primera de ellas en la Picota, que tiene como base un verraco lusitano que recuerda los orígenes celtas de la región y también a esculturas parecidas que aparecen en muchos lugares de España, con los Toros de Guisando como mejor símbolo. 

La ciudad a los pies 


En la gigantesca Torre del Homenaje, que en la Edad Media vigilaba las fronteras, se obtiene hoy una vista preciosa de la ciudad y del amplio horizonte de montañas que la rodean. En su interior, el Museo Militar cuenta la historia del castillo y buena parte de la de Portugal. Entre dagas, espadas, rifles y pistolas desde el siglo XIII hasta la Primera Guerra Mundial, y piezas de las campañas africanas de Portugal a fines del siglo XIX, destacan los artículos personales de Gungunhana, un rey tribal que se rebeló contra el imperio portugués y vivió sus días en el exilio en las Azores. 

En la ciudadela también se encuentra la Iglesia de Santa María, en la que destaca el techo de bóveda de cañón de madera pintada que representa la Asunción de María y el espléndido altar barroco en la capilla principal.

Interior de la iglesia de Santa María, en la ciudadela.


Al lado está la Domus Municipalis, ejemplar de arquitectura civil románica único en Portugal. Con la forma de un pentágono irregular, está compuesta por una cisterna abovedada sobrepuesta por una galería amplia con ventanas alrededor, que se ha identificado como el lugar de reunión de los "hombres buenos" del consejo. 

También se conserva un antiguo conjunto de casas medievales de calles estrechas y pequeñas viviendas encaladas de blanco.  En una de estas casas se encuentra el original y un poco abigarrado Museo Ibérico de Máscara e Do Traje, que alberga una fascinante y colorida colección de máscaras y atuendos que se utilizaban para celebrar los antiguos festejos de origen pagano del solsticio y el Carnaval y otros festivales de la región, que incluye también a localidades zamoranas. 

La zona nueva 


Fuera de las murallas, la ciudad creció hacia el oeste, conservando casas nobles y monumentos religiosos como la Catedral, la Iglesia de San Vicente, la Capilla de la Misericordia o la Iglesia de Santa Clara, entre otros muchos conventos e iglesias. Se conoce como la ciudad nueva, aunque no lo sea tanto. 

La iglesia da Sé o Catedral de Braganza. Frente a ella la Picota


Su Catedral, la Igreja da Sé, fue construida durante el siglo XVI por iniciativa del Ayuntamiento y con el apoyo del duque D. Teodósio. Destaca su pórtico renacentista que incorpora algunos elementos barrocos en la fachada lateral norte. El interior está bastante decorado, destacando el arco triunfal con las armas de la ciudad, el altar mayor de talla dorada del s. XVIII y los retablos laterales, de la misma época. 

Los Museos


Recorriendo sus tranquilas calles salen al paso bellas casas solariegas, palacetes, blasones que adornan regias fachadas, paneles de azulejos, fuentes, casas en arco, cruceros y, una vez más, pequeñas y grandes iglesias y conventos. Pero lo que más sorprende en esta relativamente pequeña ciudad es la cantidad y calidad de sus museos.

El Museo Ibérico de la Máscara y el Traje


Entre ellos, además del mencionado Museo Militar y el de Máscaras en el castillo, destaca el Museo Abade de Baçal, magníficamente instalado en el antiguo Palacio Episcopal, que cuenta con una valiosa colección que da a conocer la historia religiosa, social, política, económica y artística del Nordeste Transmontano y la memoria del antiguo Palacio Episcopal. Recibe su nombre en homenaje al sacerdote Francisco Manuel Alves (1865-1948), Abad de Baçal, hombre erudito, interesado en la investigación histórica y artística de la región, que contribuyó enormemente a la concepción y construcción de este museo.


Vista exterior del Museo " Abade de Baçal"



Casi al lado está el Centro de Arte Contemporáneo Graça Morais, un proyecto arquitectónico diseñado por el arquitecto Souto Moura, galardonado con el prestigioso premio Pritzker 2011. Presenta obras de esta famosa pintora contemporánea y otras colecciones de artes plásticas, en un programa expositivo frecuentemente renovado y reforzado por otras iniciativas pluridisciplinares como programas educativos, talleres de práctica artística, espectáculos, actuaciones y actividad editorial. 

También muy próximo se encuentra el Centro de Interpretación de la Cultura Sefardita, justo enfrente de una antigua sinagoga, recuerdo ambos de la importante presencia judía en la ciudad. 

En las afueras, el Centro Ciência Viva de Bragança está instalado en un histórico molino de agua y junto a su vecina planta hidroeléctrica en el río Fervença se han convertido en un centro interactivo de ciencias y un museo para niños. 

La Gastronomía



Y si tanta visita provoca el apetito, no hay que preocuparse, se está en el lugar ideal. La gastronomía de Braganza destaca por la calidad de sus productos, con sabores y aromas que parecen exhalar de los paisajes de donde provienen. 

Botelo y casulas, un plato mítico de la gasstronomía braganzana


Además de miel, setas y castañas, que son sus productos más apreciados, la suculenta ternera mirandesa –ganado que pasta en las verdes praderas– no necesita más que una pizca de sal y brasas en el punto correcto para ser servida. Como las chuletas de cordero y el cabrito de Montesinho, de rebaños alimentados con hierbas de los montes. Los platos de caza se confeccionan en los tradicionales potes, calentados en fuego siempre encendido, de donde salen aromáticos estriados y opulentos arroces que traen a la memoria antiguos paladares. Sin olvidarse de la popular Feijoada à transmontana con numerosos ingredientes.

En la mesa transmontana nunca faltan los embutidos, elaborados con conocimientos ancestrales. A la chimenea se curan añoradas, chorizas, salpicones, jamones, chorizos de miel, y también el típico butelo (que recuerda el botillo leonés) que, acompañado por las casulas (cáscaras de frijol secas), es protagonista del festival gastronómico realizado en la ciudad a mediados de febrero.  

Un entorno privilegiado 


Braganza disfruta de un entorno natural privilegiado


Antes de abandonar, para luego volver, la ciudad de Bragança, hay que transitar tranquilamente por el paseo pedestre, recientemente beneficiado del Programa Polis, que une las faldas del castillo con la zona antigua, bordeando en buena parte el río Fervença. Un delicioso recorrido al que solo le falta renovar el pasamanos de madera, podrido por la humedad, una de las prioridades del activo y simpático alcalde de la villa, Hernani Dias, en los próximos meses. 

Para disfrutar el entorno en que se encuentra Bragança, hay que acercarse al Parque Natural de Montesinho, donde se respira un aroma rural por todas partes. Son unas 74.000 hectáreas de picos de granito, verdes prados, páramos y bosques. Suaves colinas, surcadas por valles donde corren los ríos entre chopos, alisos, sauces, bosques inmensos de roble negral, castaños y encinas, caracterizan el paisaje de este Parque en el que se encuentran aldeas de casas tradicionales con paredes de pizarra o de granito que se funden con el medio. A veces, su presencia prácticamente no se intuye, en una sintonía casi perfecta entre el hombre y la naturaleza.  

El predominio de pizarras y calcáreo en las mesetas y granito en lo alto de la sierra de Montesinho constituye la diversidad geológica de este espacio que, junto con sus variantes climáticas, origina una flora muy variada, hábitat ideal para animales como el lobo, el jabalí, el corzo, el venado y cerca de 240 especies de fauna que se sienten en seguridad en el parque. 

Casas  típicas de Río de Onor, localidad fronteriza, mitad portuguesa y española


En el parque natural, justo en la frontera con España, está Rio de Onor, pueblo fronterizo pastoral, mitad español, mitad portugués, que parece podría ser un museo al aire libre. La configuración remota y la dureza del entorno local ayudaron a dar lugar a una forma distintiva de hacer las cosas, descrita como una "aldeia comunitária"

Conserva en funcionamiento los más variados equipamientos utilizados en común por toda la población desde el horno del pan, la fragua, dos molinos de agua, el lavadero, los pastos e, incluso, el toro de la aldea que cubre a todas las vacas. Casi todo lo que se necesita para sobrevivir, incluido el ganado, las tierras de cultivo, las herramientas y los hornos de pan, es compartido por los aldeanos, y se espera que todos contribuyan. Además de un sistema de autogobierno, Rio de Onor incluso desarrolló su propio dialecto, ya desaparecido. 

Más información: www.turismo-braganca.com   

Texto Enrique Sancho. Open Comunicación

viernes, 8 de junio de 2018

Rila, perla de los Monasterios de Bulgaria.



Vista aérea del Monasterio de Rila. Foto https://www.youtube.com/watch?v=EGIGWQ-MqkM



Sin duda alguna los monasterios son uno de las grandes atractivos de Bulgaria. Y  entre ellos destaca especialmente el Monasterio de Rila,  uno de los símbolos del país y un destino turístico imprescindible. 

Tuvimos la fortuna de visitar Rila durante una de nuestras visitas desde la capital. Suerte además porque aquel día había dejado de nevar, y el sol brillaba en todo su esplendor. Situado a unos 120 kms al sur de Sofia, buena parte de la ruta se  efectúa por la carretera nacional A-3. Después de Boboshevo,  a partir del km 90, la ruta se desvía hacia el este, atravesando  bosques seculares de grandes coníferas, anidados en las montañas de Rila, siguiendo el valle del rio Rilska.  

En ese cambio de ruta nos fue apareciendo la nieve,  que ya nos había acompañado el día anterior en Sofia; cosa bastante normal para un lugar entre montañas a 1.200 metros de altitud y en el mes de diciembre.  

San Juan o Iván de Rila 

Se relaciona la fundación del Santo Monasterio de Rila con un ermitaño, Iván o Juan, que, en el siglo X, a una temprana edad y, al parecer desilusionado con la decadencia moral  de la sociedad medieval, se hizo monje eremita y se retiró a vivir a un lugar recóndito de la montaña. Allí pasó su vida en una cueva,  lejos de las vanidades y tentaciones del mundo. Nadie consiguió sacarle de su aislamiento , ni siquiera el rey Péter  quien  le visitó varias veces.  

 Iván de Rila, Icono del Santo, S X.
Foto, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3966364


Su hagiografía cuenta que Juan  vivió santamente en el hueco de un árbol,  tallado en forma de ataud. Pronto se extendió su fama de santidad y acudieron en su compañía otras eremitas que querían seguir su ejemplo. Al final de su vida fundó el monasterio para albergar a todos estos monjes ermitaños. Tras su muerte, la iglesia ortodoxa lo canonizó con el aprecio de su virtud, bajo el nombre de  Sveti Ivan Rilski o San Juan de Rila.  Su tumba  pronto  se convirtió en un lugar sagrado de peregrinación y el primitivo monasterio fue  transformándose poco a poco en un complejo mayor. 

Símbolo de la cultura búlgara, eslava y cristiana

Iglesia de la Natividad. Foto http://www.1zoom.me/es/wallpaper/513672/z10021.9/3840x2160


Desde su creación, el Monasterio de Rila fue siempre apoyado y respetado por los gobernantes búlgaros. Grandes donaciones fueron hechas por casi todos los zares del período medieval conocido como Segundo Imperio Búlgaro, hasta la conquista otomana, convirtiendo al Monasterio en un centro cultural y espiritual de conciencia nacional búlgara que alcanzó su apogeo entre los siglos XII al XIV.  Los edificios más antiguos del complejo son del siglo XIV: la Torre de Hrelja (1334-1335) y una pequeña iglesia justo al lado (1343). El trono del obispo y las puertas ricamente labradas del monasterio también se remontan al siglo XIV. 

Sin embargo, la llegada de los otomanos acabó provocando la decadencia y destrucción del monasterio a mediados del siglo XV. Gracias a las donaciones de la princesa serbia Mara Branković, de la Iglesia Ortodoxa Rusa y del monasterio Rossikon del Monte Athos, en Grecia, el monasterio de Rila fue reconstruido a finales del siglo XV  y las reliquias de Iván de Rila fueron traídas desde Tarnovo, donde habían sido trasladadas tras la invasión,  al nuevo complejo en 1469. El monasterio renovado actuó como depositario del idioma y la cultura búlgara en las épocas de dominio extranjero. 

El Renacimiento Nacional del siglo XIX

Frescos del pórtico de la Iglesia de la Natividad.
Foto https://descubrebulgaria.net/2016/02/20/el-monasterio-de-rila/nikona/


Durante el periodo del Renacimiento nacional búlgaro (siglos XVIII-XIX), Rila fue de nuevo destruido por un incendio, en el año 1833 y reconstruido otra vez entre 1834 y 1862 con la ayuda de adinerados búlgaros de todo el país, y bajo  la dirección del famoso arquitecto Alexi Rilets. 

La construcción de los edificios residenciales comenzó en 1836, mientras que un campanario se añadió a la Torre de Hrelyu en 1844.  El abad, profesor y artista Neofit Rilski fundó en el monasterio una influyente escuela de traducción y desarrollo del moderno idioma búlgaro.  Rila  es famoso también  por ser uno de los escondites de los revolucionarios búlgaros  contra el dominio turco. 



El complejo del monasterio, considerado como una de las principales obras maestras de la arquitectura del Renacimiento nacional búlgaro, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1976 y se convirtió en Patrimonio de la Humanidad por concesión de la UNESCO en 1983. Desde 1991  depende  del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Búlgara.

El 25 de mayo de 2002, el Papa Juan Pablo II visitó el monasterio de Rila durante su peregrinación a Bulgaria. Fue recibido por el Igumen ( Abad) del Monasterio, el Obispo Ioan, que había sido observador en el Concilio Vaticano II. 

Una arquitectura singular 

Edificio de las celdas monásticas. Foto https://www.mylittleadventure.com/best-things 


En su aspecto  actual, el Monasterio data pues en su mayor parte del siglo XIX. En el siglo XX se construyó el ala este, situada detrás de la iglesia y la torre. Visto desde el exterior el conjunto se asemeja a una fortaleza con ventanas. Tiene forma poligonal irregular y una única entrada  (la Dupnishka)  por el lado oeste; a través de la cual se accede directamente al hermosísimo patio del edificio. Es una vista preciosa, realzada en nuestro caso por el blanco manto de  la nieve que lo cubría. 


Frescos de pórtico. Detalle. Foto http://keramatad.com/english/landmarks-predela-hotel/rila-monastery-41/


El interior de esta fortaleza semeja unos grandes claustros abovedados situados  en diferentes pisos. Varias escaleras permiten acceder a ellos. Los arcos y algunas paredes tienen dibujos geométricos y a rayas, en tonos negros y rojizos, influencia de la arquitectura mamluk del Egipto otomano. Y en el centro de este inmenso patio la Torre de Hrelyu, con cinco plantas y evidente uso defensivo,  que es lo más antiguo del monasterio. 

Todo el conjunto monástico tiene una superficie de 8.800 metros cuadrados defendidos por un muro de 22 metros de alto. Una autentica fortaleza. El monasterio consta de alrededor de 300 salas, 100 de las cuales son celdas monásticas, a las que se accede por escaleras y corredores.  

La Iglesia  de la Natividad de la Virgen Madre

Iglesia de la Natividad. Interior. Iconostasio


La Iglesia, en el centro de todo el conjunto y bajo la advocación   de la Natividad de la Virgen Madre,  se construyó entre  1834 – 1837 y presenta una armoniosa estructura con un conjunto de cúpulas y arcos con rayas de colores, distribuidos a distintos niveles. Toda una arquería recorre el exterior repleto de murales policromados de gran belleza, otra de las joyas del monasterio.  

En el interior del templo, la gran alhaja es el Iconostasio; con 10 metros de largo y de madera tallada con estilizadas formas de adornos florales.  Y todo cubierto con pan de oro y salpicado de imágenes simbólicas de personas y animales, además de escenas bíblicas; son obra de los maestros procedentes de Samokov y Bansko. Aunque fueron muchos los artistas tanto del pincel como del cincel que trabajaron en esta iglesia, solamente Zachary Zograf dejó su firma. 

Como atractivo especial puede verse el Sarcófago de San Juan de Rila, y  la tumba del zar Boris III,  envenenado por los nazis en 1943 por su empeño en salvar a los judíos búlgaros. 

El Museo del Monasterio

Merece absolutamente la pena visitar el Museo cuya existencia data de finales del siglo XIX. La exposición del museo incluye ejemplos del arte búlgaro y extranjero de los siglos XIV al XIX, entre ellos  cuadros antiguos, piezas de orfebrería y cartularios.  

Cruz de Rafail.  Detalle


La pieza más valiosa es la llamada  Cruz de Rafail, una talla hecha de una pieza entera de madera (81 cm × 43 cm). Fue elaborada por un monje llamado Rafail usando buriles finos y lentes de aumento para recrear 104 escenas religiosas y 650 figuras en miniatura. El trabajo de esta obra de arte duró no menos de 12 años antes de que se completara en 1802, cuando el monje perdió la vista. 

Contiene también una rica Biblioteca con manuscritos de los  siglos XI al XIV así como libros impresos con miniaturas y objetos ornamentales de gran valor.  Con más tiempo se puede visitar la cueva donde vivió el santo y los aposentos de invitados de la abadía.  

El paseo de salida por el patio fue algo inolvidable,  a pesar del suelo peligroso por la nieve que caía intermitente. A escasos kilómetros de Rila, en un hotel-albergue, compartimos el comedor con un grupo de turistas japoneses. Y pudimos degustar las truchas del río Rilska. 

Al regreso, antes de llegar a Sofia, visitamos Bankia que, en tiempos, fue una magnifica estación balnearia,  hoy en total decadencia.