martes, 22 de enero de 2019

Plovdiv, el corazón de Bulgaria. Capital Cultural Europea 2019





Visa aérea de Plovdiv. Foto CNN



Plovdiv fue una de las grandes sorpresas de este viaje a Bulgaria. Uno de esos lugares asombrosos, con revelaciones inesperadas y muy agradables. Es esta una ciudad moderna, y culta cuyo pasado ha dejado un rico patrimonio arquitectónico. Además, su situación a orillas del río Maritza y sobre la base de la antigua ciudad romana, le da una singularidad especial. Es la segunda ciudad del país en importancia  y, sobre todo,  un cruce de caminos ya que , en ella  convergen las rutas de Asia Menor hacia Europa y del Centro de Asia hacia Grecia  y el Mar Egeo.  

Como ciudad es muy antigua, más que Atenas, Roma, Cartago o Constantinopla, aunque no siempre se la ha conocido con el mismo nombre y eso puede despistar. Los Tracios, en el siglo XII a.C, la llamaban  Evmolpia en honor al mitológico rey Evmolp a quien se  atribuye su fundación. La asentaron en la colina de Nebet Tepe donde ubicaron una fortificación defensiva que, sin embargo, no pudo impedir que el año 342 a. C fuera conquistada por los macedonios al mando del rey Filipo o Philippo II,  el padre de Alejandro Magno, que la bautizó con su propio nombre, Philippopolis o ciudad de Filipo, y reforzó la fortificación anterior con gruesas murallas. 

Años más tarde fue recuperada por los tracios que la llamaron  Pulpudeva (trasliteración  de Philippopolis),  hasta que en el siglo I la ciudad cayó bajo el dominio del Imperio Romano. Por su situación, a los romanos les interesó la ciudad porque desde ella controlaban el eje de la Via Diagonalis, la calzada romana que unía Singidunum, la actual Belgrado, con Constantinopla.. La llamaron Trimontium, ó ciudad de las tres colinas, convirtiéndola en el gran centro regional que , con los años, llegó a ser la capital de la provincia de Tracia. Debido a su crecimiento, la ciudad se expandió fuera de las fortificaciones, descendiendo hasta los pies de las colinas.

De nuevo en el siglo VI, volvió a ser conquistada, esta vez por los Eslavos que la rebautizaron como Puldin.  Por fin, en el año 815 la conquistaron los Búlgaros y pasó desde entonces a estar bajo control de Bizancio, durante más de 500 años,  hasta  que los ejércitos otomanos la ocuparon en 1365 y asignaron a la ciudad el nombre de Filibe.  

Durante el dominio turco, una parte de la urbe  fue destruida, sobre todo porque se derribó la arquitectura bizantina para levantar edificios de tipo oriental. No sería hasta mediados del siglo XVIII, cuando comenzó el llamado  Renacimiento Búlgaro (1762 - 1878), que la ciudad revivió y adquirió gran importancia y prosperidad.  Cuando en 1878  Rusia derrotó a Turquía, y dio paso a la independencia búlgara,  el nombre de la ciudad cambió de Filibe a Plovdiv y con él se ha mantenido hasta la actualidad. Durante el periodo de gobierno comunista que se estableció en el país después de la Segunda Guerra Mundial, Plovdiv fue el centro de diversos movimientos contrarrevolucionarios que derrocaron finalmente al régimen socialista en 1989. 

Casas y callejuelas de la Ciudad Antigua de Plovdiv.


Todo esto y mucho más nos explicaba nuestra guía Guergana,  mientras llegábamos al aparcamiento donde dejamos el autobús. Íbamos a adentrarnos en las entrañas de esta ciudad, el Casco Antiguo.  Es un conjunto urbano de callejuelas  adoquinadas y en cuesta, de aire muy antiguo, y un regusto oriental, con hermosas casonas y palacios de tiempos muy arcaicos. 

A principios del siglo XX, la ciudad se levantaba sobre siete colinas, pero una (Markovo Tepe) fue destruida para posibilitar la expansión de la ciudad. La Ciudad Antigua  está sobre tres colinas, la Trimontium romana. Las otras reciben los nombres de la Colina de la Juventud,  la de los Libertadores y la  de Danov, 

Un Paseo por Plovdiv


Esta ciudad de unos 400.000 habitantes, tiene un Casco Antiguo pintoresco y muy cuidado, con calles escarpadas y suelos adoquinados, bordeadas de casas pintadas en cálidos colores y adornadas con vigas de madera a la vista; una arquitectura muy especial  la de estas elegantes mansiones que suelen esconder patios muy atractivos. 

Arco de Hysar Kipia. 
Foto By Dennis Jarvishttps://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50280931


Desde la Plaza Alexander Malinov, comenzamos el ascenso hacia esta parte antigua. Al poco tiempo cruzamos por debajo del Arco de  Hisar Kapia, que en época romana era la puerta oriental de la urbe y por ella  se tomaaba el camino hacia el lejano oriente. Hoy  el arco sigue sostenido por dos lienzos de la muralla. 
Nos vamos  aproximando a la calle Chomakov, en cuya parte alta y hacia la derecha, se accede hasta uno de los cerros repleto de restos arqueológicos. Allí, en lo alto de la colina,  estaba la primitiva fortaleza de los tracios y después de los romanos. Es un descampado en mal estado que, sin embargo nos  permite percibir desde lo alto, el desarrollo urbano  de la ciudad que queda al pie.

Antes de alcanzar el cerro, en la calle Chomakov, a mano derecha, encontramos un pequeño  jardín  recoleto pero muy bonito,  que anima la fachada esgrafiada  de una original casa del siglo XIX: es la Mansión Koyumdjloglu que alberga el recomendable Museo Etnográfico y acoge cada año el Festival de Música de Cámara. En la esquina contraria está la iglesia de San Constantino y Santa Elena cuyo  airoso campanario se inserta en la muralla romana. 

Casas del Renacimiento Búlgaro  en la Ciudad Antigua de  Plovdiv. Foto wikimedia.commons


Descendemos ahora en dirección al magnífico Teatro Romano. A ambos lados admiramos las casonas elegantes y típicas de esta ciudad. Estamos en la zona del llamado Renacimiento Búlgaro, de la primera mitad del siglo XIX,  y de este período Plovdiv conserva más de 150 casas, magníficos ejemplos que evidencian la abundancia económica que vivía la ciudad. 

Los comerciantes ricos, viajaban por toda Europa, de donde traían las ideas sobre las nuevas corrientes culturales y arquitectónicas. Exteriormente son edificios con fachadas decoradas de forma muy vistosa, en las que abunda la madera, Muchas casas guardan interiormente una simetría, de tal manera que en el centro se encuentra el salón principal y las habitaciones familiares alrededor del mismo. La mayoría se encuentran en buen estado de conservación. Algunas siguen habitadas pero casi todas se han convertido en museos, galerías de arte o incluso hoteles. Se recomiendan especialmente ver las casas Nedkovich, Stepan Hindlian, Balabanov o KymyudzhievataEn la calle Knyaz Tzeretelev está por ejemplo, la casa de Lamartine donde el famoso escritor francés descansó de su viaje por Oriente en el año 1833. 

Al final de la calle vamos a encontrarnos con el mayor tesoro arquitectónico del viejo Plovdiv, el Teatro Romano: espectacular,  abierto sobre la ciudad,  construido aprovechando la falda de la colina,  muy bien restaurado y con amplia escena, que cada verano recibe espectáculos teatrales de gran calidad.

Teatro Romano. Foto Wikimedia. commons
   

Fue  construido en tiempos del  emperador  hispano Trajano, en el siglo II d. C., y es la mejor joya del arte romano  que se conserva de la antigua Philippopolis. Quedó muy dañado por un fuerte terremoto en el siglo IV d.C, y una buena parte de su estructura  quedó sepultada durante 14 siglos. Fue en el año 1978, cuando unos trabajos en la colina Dzambaz dejaron al descubierto esta joya en  mármol. Tiene una capacidad para 6.000 espectadores en sus 14 gradas que descienden en pronunciada pendiente. La Escena es amplia y con buena decoración de la época. Es sin duda el mejor sitio para realizar teatro y conciertos durante el verano.   

Desde el Teatro Romano nos acercamos a la vecina iglesia de la Dormición de la Madre de Dios, que alberga un magnifico Iconostasio. Es una construcción del siglo XIX, del Renacimiento Búlgaro, que ocupa el lugar de otra iglesia mucho más antigua destruida durante la ocupación otomana.   

Siguiendo nuestro paseo descendemos por una amplia escalinata hacia el parque y la  Mezquita Dzumaja Dzamija, una de la más antiguas de los Balcanes y la más grande de la ciudad. No muy lejos están los Baños otomanos de Chifte Banya convertidos hoy en una Galería de Arte.   

Mezquita Dzhumaya y gradas del Estadio Romano. Foto Bulgariatravel.org


Nos acercamos a los restos del  Estadio  Romano  que fue construido en tiempos de Marco Aurelio  en el siglo II d. C. y copiando el Estadio de Delfos en Grecia. Tenía 180 metros de longitud y capacidad de 30.000 espectadores. En la citada plaza, en un subterráneo construido con ocasión de la urbanización última, podemos ver el graderío de uno de sus sus extremos.   

Aquí se inicia la calle del Príncipe Alexander I, la gran arteria peatonal y comercial, que se  trazó sobre la estructura del Circo romano,  y está llena de vida y bullicio, cines y todo tipo de comercios de moda punteras. Abundan también los restaurantes donde degustar el puklin o el vreteno a base de carne de ternera o de cerdo. así como  las crepes con confitura o las dulces bakhlavas de almendras o de pistachos, entre otras exquisiteces.Pueden encontrase también  varios establecimientos que venden las cremas y productos de estética para el cuidado de la piel en general, y de la cara en particular, fabricados con las rosas de Bulgaria,  cultivadas en el famoso Valle de las Rosas en el centro del país.   

La calle del Príncipe Alexander I, la arteria más comercial. Foto terratour bg


En la misma calle Alexander I, en la plaza de Stefan Stambolov,  se sitúa el Ayuntamiento de la ciudad y  más adelante la Plaza Tsentralen de bellos jardines y fuentes, donde se ubicaba el Foro de Philippopolis, cuyos restos son visibles todavía..   

Aquí llegamos al  final de nuestro recorrido por el viejo Plovdiv. Había merecido la pena. Las huellas romanas, bizantinas y otomanas conviven con el moderno dinamismo  de esta ciudad, la segunda más grande del país. Los eventos que animan el barrio bohemio de Kapana, se van a multiplicar en este año, con motivo de la Capitalidad Cultural Europea 2019 . Más de 500 eventos culturales están programados durante todo el año. 


Starosel, la gran sorpresa 


   

Desde Plovdiv tuvimos ocasión de visitar la pequeña localidad de Starosel,  apenas a 50 Km. pero que guarda interesantes vestigios de la época tracia.   

Anexa a Hisarya, la antigua ciudad termal romana de Augusta Dioclecianópolis, cuyas impresionantes ruinas pueden visitarse, Starosel  se ubica al pie de la cordillera de Sredna Gora.  Starosel es conocido por los prehistoriadores por la abundancia de antiguos asentamientos del periodo neolítico y más tarde tracio. Algunos hallazgos arqueológicos  se han fechado en el  sexto milenio antes de Cristo. La evidencia de las excavaciones del siglo XX revela que la aldea creció hasta convertirse en una importante y rica ciudad tracia en el siglo V a.C.   

A 4 Km del centro urbano se halló en el año 2000 el  mayor complejo real tracio con mausoleo encontrado hasta ahora,  fechado a finales del siglo V  A. de C.  Consta de seis montículos, cada uno con un Templo en su interior - de ellos cuatro son únicos por su importancia  - y les acompañan varias tumbas de la realeza. Dos de estos santuarios,  el gran templo de “Chetinyova Moguila” por ejemplo,  se pueden visitar.  Este montículo en concreto, está rodeado por un muro de bloques de granito, con una longitud es de 241 metros y 3,5 metros de alto; este muro  describe un círculo que rodea el túmulo y que, según las creencias religiosas de los tracios, simboliza el Sol. Al parecer, en el templo se llevaban a cabo ceremonias religiosas asociadas con el culto a la Gran Diosa Madre, su hijo el Sol y Orfeo.   

En nuestra visita al lugar solo pudimos admirar el exterior.  El templo no estaba cerrado pero su “vigilante” no estaba en ese momento y no pudimos visitarlo. Luego nos hablaron de una sala redonda con columnas, inspirada en este monumento,   que habían imitado en las cercanas Bodegas de Starosel que visitamos a continuación. 

Las Bodegas, el Hotel y el Centro Termal de Starosel


La gran sorpresa de Starosel fue, sin embargo,  el Complejo Turístico Lúdico y termal  del mismo nombre que ofrecía instalaciones de un moderno Spa, piscinas, hotel, restaurante y todo ello en torno a una interesante Bodega que produce un excelente  vino blanco, rosado y tinto, en un lugar idílico,  rodeado de jardines y de sus propios viñedos.   

Sala de Catas de las Bodegas Starosel. Foto Bulgariatravel.org


Nos recibió el Gerente que amablemente nos enseño una parte de las instalaciones. Era fin de semana, y el Spa, tanto la piscina exterior como la interior estaban a rebosar de visitantes y los vimos de lejos. Sí nos mostraron el hotel y la zona de cuidados estéticos. La visita terminó con una Cata de Vino en la zona interior de un “ túmulo “ artificial, donde, bajo un techo redondo, había construido una Sala de Catas circular,  imitando la forma y decoración de los antiguos templos tracios, cuyos restos se hallan en el entorno. Allí dentro tuvimos ocasión de catar un vino de cada especialidad que, en aquel ambiente tan bien logrado, nos supieron a gloria. 

El almuerzo lo tuvimos en un restaurante del complejo, una edificación de aire rústico. La comida fue muy sabrosa, con especialidades de esta llanura tracia, especialmente carne acompañada de verduras. Y por supuesto con vino de la propia casa. Tras una breve pausa  para disfrutar de los jardines, comenzamos el camino de vuelta.   

Piscina termal del Complejo lúdico de Starosel. 


Ciertamente que, esta última visita en Bulgaria, nos había dejado un excelente sabor de boca. Por la autopista de Plovdiv a Sofia llegamos aun a tiempo de disfrutar del “shopping “ en el Centro Comercial Paradise, no muy lejos de nuestro hotel. Allí casi una planta entera eran tiendas de Mango y del Grupo Inditex ( Zara ), aunque los precios eran más bajos que en España.   

Al día siguiente  madrugamos para ir al aeropuerto. Aquel día amaneció con una fuerte nevada. En el aeropuerto de Sofia los equipos de deshielo de los aviones funcionaban a toda máquina, rociando los fuselajes, trenes de aterrizaje  y planos de las aeronaves, para quitar la nieve y el hielo que los cubría,  antes de salir a pista. Al fin con algo de retraso despegamos con destino a Madrid.   

Atrás quedaba una agradable semana y el recuerdo de un desconocido país que nos había mostrado parte de lo mejor que tiene. Es posible que regresemos algún día;  y entre tanto no dudamos en  recomendarlo.  Sin duda alguna  ¡¡¡¡¡



sábado, 28 de julio de 2018

EL Monasterio de Bachkovo, una obra de arte de la Fe Ortodoxa en Bulgaria







El monasterio de Bachkovo es el segundo más importante de Bulgaria, por tamaño e influencia, inmediatamente después del de Rila, del que hemos hablado en nuestro artículo anterior. Su nombre oficial es Monasterio de la Dormición de la Santa Madre de Dios de Bachkovo,  Es uno de los mayores y más antiguos monasterios de la Iglesia Ortodoxa Oriental  en Europa. 

Se encuentra en la orilla derecha del río Chepelare,  en los Montes Ródope, a 190 km de Sofía y 30 km al sur de la ciudad de Plovdiv. Directamente subordinado al Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Búlgara, el monasterio de Bachkovo es reconocido y apreciado por la combinación única de la cultura bizantina, georgiana y búlgara, unidas por la fe común.

Su historia 


Vista aérea del Monasterio de Bachkovo. Foto www.bachkovskimanastir.com by Atanas Dikov


El monasterio fue fundado en 1083 por el príncipe Gregorii Bakourianos, un prominente  militar de origen armenio, al servicio de Bizancio, como una abadía regida por monjes armenios y georgianos. Creó asimismo, dentro del recinto monástico,  una escuela religiosa o  seminario para jóvenes.  

En el siglo XIII, los monjes armenios, georgianos y calcedonios perdieron el control del monasterio, pero sus tradiciones se conservaron hasta principios del siglo XIV. Durante el Segundo Imperio Búlgaro (1185-1396), el monasterio de Bachkovo gozó de la protección imperial. Fue frecuentado por el zar Ivan Alejandro, como lo  evidencia una imagen suya que se conserva en los arcos del nártex o atrio del osario.  

El fundador de la Escuela Literaria de  Tarnovo,  y último patriarca de la iglesia ortodoxa búlgara medieval, Eutimio, fue expulsado de allí por los turcos tras la conquista de la entonces capital de Bulgaria. Eutimio, figura egregia de la iglesia ortodoxa,  lingüista de gran nivel intelectual y  reformador del idioma búlgaro, trabajó exiliado en la escuela del monasterio de Bachkovo,  a finales del siglo XIV y comienzos del XV,  donde falleció en 1404.

Icono milagroso de la Virgen María de Bachkovo


Aunque el monasterio sobrevivió a las primeras oleadas de la  invasión turca en tierras búlgaras, finalmente fue  saqueado y destruido, habiendo sido  restaurado en las últimas décadas del siglo XV. 

A comienzos del siglo XVII se realizaron nuevas edificaciones: el Refectorio se construyó en 1601 y la iglesia Sveta Bogorodica o de la Virgen María  se terminó en 1604.  

En  el siglo XIX se levantaron nuevos edificios. Así la iglesia dedicada a San Nicolas, donde  Zahari Zograf, el famoso pintor del Renacimiento búlgaro (1810 -1853) trabajó en el período entre 1838 y 1840.  

Durante los cinco siglos de gobierno otomano, Bachkovo contribuyó eficazmente al mantenimiento del idioma y la cultura búlgaros, en particular guardando muchos manuscritos. El monasterio de Bachkovo es lugar de reposo eterno tanto del patriarca Eutimio (1330-1404),  como del patriarca Kyril (1953-1971).

La visita  


Acceso principal al Monasterio. Foto bulgariatravel.org 


Nuestra visita al Monasterio de Bachkovo tuvo lugar desde la histórica  ciudad de Plovdiv, en la llanura tracia. En una agradable mañana soleada de diciembre y no excesivamente fría,  tomamos  la ruta de Asenovgrad, en dirección Sur. Poco despues de atravesar esta ciudad, entramos en la zona montañosa de los Montes Ródopes, a traves del valle del río Chepelare. 

La carretera sigue puntual los meandros del río, atravesando bellos paisajes boscosos. En un momento dado, dejando la vía, cruzamos un pequeño puente y tomamos a nuestra izquierda la corta subida hacia el  monasterio, que se levanta sobre un promontorio, dominando el curso del pequeño río.  Es un paseo agradable, en una  tranquila mañana de invierno de un día laborable. Aunque ahora no hay prácticamente visitantes, ya han abierto los numerosos puestos y pequeñas tiendas que ofrecen dulces típicos de la región y  artesanía de cerámica búlgara, así como productos naturales del campo para la salud y la belleza.  

Al Monasterio se accede por una pequeña puerta en arco, que da directamente sobre el primer patio o centro principal del conjunto monástico. Es el lugar preferido de los peregrinos y visitantes, un entorno apacible adornado con fuentes, flores en parterre, y hermosos  árboles como el gran ciprés, y el azufaifo  (Ziziphus jujuba), de cuyo fruto, por cierto,  los monjes destilan una excelente y afamado aguardiente " rakia".  

Este entorno que exhala sosiego monacal,  es también el lugar preferido por un clan de gatos que, tranquilos y retozando al sol, desdeñan la llegada del visitante.  El monasterio llevaba varios meses en obras y todos los empedrados  estaban levantados. Aún así pudimos disfrutar a placer de este espléndido lugar.

La abadía es un conjunto de planta cuadrada, con dos patios interiores separados por un edificio. En cada patio se encuentra una iglesia , rodeada por los espacios de alojamiento de los monjes, la de Sveta Bogoroditsa o de la Virgen María en el patio grande, a la derecha; y la de Sveti Nikola o de San Nicolás,  en el patio de la izquierda. En el edificio que separa ambos recintos se encuentran el Refectorio. 

La Iglesia de la Virgen María


Iglesia Catedral de la Virgen María. Foto bulgariatravel.org


La Iglesia Catedral de la Virgen María es el templo principal del Monasterio y lo primero que se ve cuando se entra en el primer patio.  

Fue levantada en 1604, en el mismo lugar que ocupaba un templo anterior, destruido por los  invasores turcos. El edificio ha sobrevivido hasta el día de hoy en su estructura original, de planta basilical  cruciforme abovedada,  de tres naves con tres ábsides pentagonales. Los murales en el espacioso atrio fueron pintados en 1643 y representan retratos de tamaño natural de Georgi y su hijo Constantino, nobles de alto rango en la corte de Estambul y donantes protectores de la iglesia.  Los frescos de la nave fueron pintados mucho más tarde, en 1850, por Joan Mosch (el Maestro Mosko).

La artesanía en madera del  iconostasio, excepcional,  y el trono del obispo datan también del siglo XVIII. Los dos íconos centrales, que  representan a la Virgen y a Jesucristo, están fechados con exactitud en 1793.

Este templo es famoso en todo el país porque guarda un valioso icono de la Virgen María Eleusa del año 1310, enmarcado en plata. Fue traído de Georgia, con fama antigua de milagroso,  y sigue  atrayendo a muchos peregrinos de Bulgaria y países circundantes.  

El Refectorio 


El Refectorio con los frescos del siglo XVII.  foto https://folkestonejack.wordpress.com


Es una de las joyas del monasterio. Tanto el refectorio como la cocina anexa fueron construidos en 1601 y decorados en 1643 con frescos recientemente restaurados. Las pinturas murales de la parte oriental reproducen escenas bíblicas como el Juicio Final, una representación del paraíso y, en el ábside, una imagen de la Virgen sentada. 

En la bóveda se ha pintado   el árbol de Jesé,  la genealogía del Mesías desde Abraham. Otros frescos que decoran el refectorio muestran retratos de filósofos, eruditos y escritores de la antigua Grecia así como diversas figuras del Antiguo Testamento. La larga mesa de mármol que ocupa del centro del refectorio,  data del año 1601. 

El mural panorámico 


El mural panorámico en el exterior del Refectorio. 


A  lo largo de la pared exterior del refectorio, una gran pintura mural panorámica representa la historia del monasterio de Bachkovo. Ofrece además  una vista extensa de la abadía con todos los edificios circundantes, en el momento de la ejecución de la obra, a mediados del siglo XIX. 

Bajo la influencia de diferentes condiciones atmosféricas como la lluvia, la nieve, la niebla, el frío y el viento, el mural escénico más grande de la península balcánica ha preservado la frescura de su pintura.  El año de realización  y la autoría de  la obra han podido determinarse gracias a una inscripción que estaba en las paredes exteriores del ala occidental del monasterio, que resultó dañada por el fuego en 1902. Esta inscripción decía: "La siguiente representación fue terminada bajo el ministerio del abad Cirilo el 22 de julio de 1846. La representación ha sido hecha por mi propia mano, Alexi Atanasov de Negush". 
El mural   resulta excepcionalmente interesante, tanto  por su gran tamaño como  por su valor testimonial,  artístico y artesanal.  

La Iglesia de San Nicolás 



Fresco del "Juicio Final" en el atrio de la iglesia de San Nicolás.


Detrás del refectorio se halla  la iglesia del siglo XIX, levantada en 1834,  dedicada a San Nicolás de Bari, Sveti Nicola, que solamente se abre para celebraciones bautismales. 

No obstante puede visitarse, en el atrio abierto, el famoso fresco del "Juicio Final", realizado en 1840 por el pintor búlgaro Zahari Zograf en su estilo característico,  con un marcado gusto narrativo. Zograf trabajó, además de en Bachkovo, en monasterios del Monte Athos,  Plovdiv, y Rila, siempre en pintura mural de escenas religiosas. El pintor se representa a sí mismo,  en la parte superior izquierda junto al Abad. En las arquivoltas, escenas de la Biblia como  la "Creación de Adán" o   "Caín matando a Abel". En la cúpula,  un "Cristo Pantocrátor". 

El Museo 


El museo del monasterio alberga  una extensa colección de antiguos libros litúrgicos, objetos rituales (incluidos muchos iconos), monedas antiguas, etc.. También podemos ver un "firman" o decreto original del sultán otomano  Mehmed II, que data de 1452, y una espada que, según la leyenda, fue dejada en el lugar por el emperador Federico I Barbarroja (1122-1190), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, durante la Tercera Cruzada.

El Osario 


La única parte que ha sobrevivido de la estructura original del monasterio es el osario, que tiene un diseño arquitectónico específico y frescos antiguos, y está situado en  altura,  unos 300 metros, sobre el complejo del monasterio actual. Parece inaccesible cuando se ve desde lejos. No tuvimos  ocasión de visitarlo. 



Una vez finalizada nuestra visita, descendemos por la  carretera de acceso, y esta vez, con tiempo, nos detenemos ante las curiosas tiendas que lo bordean.  Regresamos a Plovdiv,  donde nos espera una muy interesante visita. 

jueves, 21 de junio de 2018

Bragança, un pedazo de España en tierras portuguesas... y viceversa



La ciudad fue escenario de conflictos y hoy de entrañable amistad 




Situada allá donde se unen el Tras os Montes portugués con la española Zamora, Braganza –Bragança en la lengua de Camôes– ha sido testigo de interminables luchas entre los dos pueblos vecinos, ha pertenecido durante 60 al reino de España, desde Felipe II hasta Juan II de Bragança, y ha dado nombre a una de las familias con más linaje de Portugal, cuyos condes actuales son los aspirantes al trono del país luso.  

Una de sus ilustres ciudadanas, Bárbara de Braganza, fue reina de España al casarse con Fernando VI, fundó el convento de las Salesas en Madrid, donde reposan sus restos, junto a los del rey. Bragança es Portugal, claro, pero la cordialidad de sus gentes, la calurosa acogida al forastero hacen que uno se encuentre como en casa. 

El Castillo de Braganza


El espectacular  castillo preside  el núcleo urbano medieval .


Recuerdo de aquellos turbulentos tiempos es su espectacular y bien conservado castillo, que preside la ciudad y el núcleo urbano medieval dentro de sus murallas. En ellas se intercalan quince torres y tres puertas, en las que se destaca la Torre da Princesa, antigua dependencia de la Casa dos Alcaides, que esconde la leyenda de una princesa hecha prisionera, y la Puerta de la Vila que acoge a quienes visitan el castillo. Lo mandó construir en 1409 D. João I, sobre los cimientos del anterior, edificado por el primer rey de Portugal, Alfonso Henríquez.  

No es mal lugar para comenzar el recorrido por esta villa que guarda muchas sorpresas. Nada más entrar en la ciudadela o plaza de armas por la Puerta de la Vila, se descubre la primera de ellas en la Picota, que tiene como base un verraco lusitano que recuerda los orígenes celtas de la región y también a esculturas parecidas que aparecen en muchos lugares de España, con los Toros de Guisando como mejor símbolo. 

La ciudad a los pies 


En la gigantesca Torre del Homenaje, que en la Edad Media vigilaba las fronteras, se obtiene hoy una vista preciosa de la ciudad y del amplio horizonte de montañas que la rodean. En su interior, el Museo Militar cuenta la historia del castillo y buena parte de la de Portugal. Entre dagas, espadas, rifles y pistolas desde el siglo XIII hasta la Primera Guerra Mundial, y piezas de las campañas africanas de Portugal a fines del siglo XIX, destacan los artículos personales de Gungunhana, un rey tribal que se rebeló contra el imperio portugués y vivió sus días en el exilio en las Azores. 

En la ciudadela también se encuentra la Iglesia de Santa María, en la que destaca el techo de bóveda de cañón de madera pintada que representa la Asunción de María y el espléndido altar barroco en la capilla principal.

Interior de la iglesia de Santa María, en la ciudadela.


Al lado está la Domus Municipalis, ejemplar de arquitectura civil románica único en Portugal. Con la forma de un pentágono irregular, está compuesta por una cisterna abovedada sobrepuesta por una galería amplia con ventanas alrededor, que se ha identificado como el lugar de reunión de los "hombres buenos" del consejo. 

También se conserva un antiguo conjunto de casas medievales de calles estrechas y pequeñas viviendas encaladas de blanco.  En una de estas casas se encuentra el original y un poco abigarrado Museo Ibérico de Máscara e Do Traje, que alberga una fascinante y colorida colección de máscaras y atuendos que se utilizaban para celebrar los antiguos festejos de origen pagano del solsticio y el Carnaval y otros festivales de la región, que incluye también a localidades zamoranas. 

La zona nueva 


Fuera de las murallas, la ciudad creció hacia el oeste, conservando casas nobles y monumentos religiosos como la Catedral, la Iglesia de San Vicente, la Capilla de la Misericordia o la Iglesia de Santa Clara, entre otros muchos conventos e iglesias. Se conoce como la ciudad nueva, aunque no lo sea tanto. 

La iglesia da Sé o Catedral de Braganza. Frente a ella la Picota


Su Catedral, la Igreja da Sé, fue construida durante el siglo XVI por iniciativa del Ayuntamiento y con el apoyo del duque D. Teodósio. Destaca su pórtico renacentista que incorpora algunos elementos barrocos en la fachada lateral norte. El interior está bastante decorado, destacando el arco triunfal con las armas de la ciudad, el altar mayor de talla dorada del s. XVIII y los retablos laterales, de la misma época. 

Los Museos


Recorriendo sus tranquilas calles salen al paso bellas casas solariegas, palacetes, blasones que adornan regias fachadas, paneles de azulejos, fuentes, casas en arco, cruceros y, una vez más, pequeñas y grandes iglesias y conventos. Pero lo que más sorprende en esta relativamente pequeña ciudad es la cantidad y calidad de sus museos.

El Museo Ibérico de la Máscara y el Traje


Entre ellos, además del mencionado Museo Militar y el de Máscaras en el castillo, destaca el Museo Abade de Baçal, magníficamente instalado en el antiguo Palacio Episcopal, que cuenta con una valiosa colección que da a conocer la historia religiosa, social, política, económica y artística del Nordeste Transmontano y la memoria del antiguo Palacio Episcopal. Recibe su nombre en homenaje al sacerdote Francisco Manuel Alves (1865-1948), Abad de Baçal, hombre erudito, interesado en la investigación histórica y artística de la región, que contribuyó enormemente a la concepción y construcción de este museo.


Vista exterior del Museo " Abade de Baçal"



Casi al lado está el Centro de Arte Contemporáneo Graça Morais, un proyecto arquitectónico diseñado por el arquitecto Souto Moura, galardonado con el prestigioso premio Pritzker 2011. Presenta obras de esta famosa pintora contemporánea y otras colecciones de artes plásticas, en un programa expositivo frecuentemente renovado y reforzado por otras iniciativas pluridisciplinares como programas educativos, talleres de práctica artística, espectáculos, actuaciones y actividad editorial. 

También muy próximo se encuentra el Centro de Interpretación de la Cultura Sefardita, justo enfrente de una antigua sinagoga, recuerdo ambos de la importante presencia judía en la ciudad. 

En las afueras, el Centro Ciência Viva de Bragança está instalado en un histórico molino de agua y junto a su vecina planta hidroeléctrica en el río Fervença se han convertido en un centro interactivo de ciencias y un museo para niños. 

La Gastronomía



Y si tanta visita provoca el apetito, no hay que preocuparse, se está en el lugar ideal. La gastronomía de Braganza destaca por la calidad de sus productos, con sabores y aromas que parecen exhalar de los paisajes de donde provienen. 

Botelo y casulas, un plato mítico de la gasstronomía braganzana


Además de miel, setas y castañas, que son sus productos más apreciados, la suculenta ternera mirandesa –ganado que pasta en las verdes praderas– no necesita más que una pizca de sal y brasas en el punto correcto para ser servida. Como las chuletas de cordero y el cabrito de Montesinho, de rebaños alimentados con hierbas de los montes. Los platos de caza se confeccionan en los tradicionales potes, calentados en fuego siempre encendido, de donde salen aromáticos estriados y opulentos arroces que traen a la memoria antiguos paladares. Sin olvidarse de la popular Feijoada à transmontana con numerosos ingredientes.

En la mesa transmontana nunca faltan los embutidos, elaborados con conocimientos ancestrales. A la chimenea se curan añoradas, chorizas, salpicones, jamones, chorizos de miel, y también el típico butelo (que recuerda el botillo leonés) que, acompañado por las casulas (cáscaras de frijol secas), es protagonista del festival gastronómico realizado en la ciudad a mediados de febrero.  

Un entorno privilegiado 


Braganza disfruta de un entorno natural privilegiado


Antes de abandonar, para luego volver, la ciudad de Bragança, hay que transitar tranquilamente por el paseo pedestre, recientemente beneficiado del Programa Polis, que une las faldas del castillo con la zona antigua, bordeando en buena parte el río Fervença. Un delicioso recorrido al que solo le falta renovar el pasamanos de madera, podrido por la humedad, una de las prioridades del activo y simpático alcalde de la villa, Hernani Dias, en los próximos meses. 

Para disfrutar el entorno en que se encuentra Bragança, hay que acercarse al Parque Natural de Montesinho, donde se respira un aroma rural por todas partes. Son unas 74.000 hectáreas de picos de granito, verdes prados, páramos y bosques. Suaves colinas, surcadas por valles donde corren los ríos entre chopos, alisos, sauces, bosques inmensos de roble negral, castaños y encinas, caracterizan el paisaje de este Parque en el que se encuentran aldeas de casas tradicionales con paredes de pizarra o de granito que se funden con el medio. A veces, su presencia prácticamente no se intuye, en una sintonía casi perfecta entre el hombre y la naturaleza.  

El predominio de pizarras y calcáreo en las mesetas y granito en lo alto de la sierra de Montesinho constituye la diversidad geológica de este espacio que, junto con sus variantes climáticas, origina una flora muy variada, hábitat ideal para animales como el lobo, el jabalí, el corzo, el venado y cerca de 240 especies de fauna que se sienten en seguridad en el parque. 

Casas  típicas de Río de Onor, localidad fronteriza, mitad portuguesa y española


En el parque natural, justo en la frontera con España, está Rio de Onor, pueblo fronterizo pastoral, mitad español, mitad portugués, que parece podría ser un museo al aire libre. La configuración remota y la dureza del entorno local ayudaron a dar lugar a una forma distintiva de hacer las cosas, descrita como una "aldeia comunitária"

Conserva en funcionamiento los más variados equipamientos utilizados en común por toda la población desde el horno del pan, la fragua, dos molinos de agua, el lavadero, los pastos e, incluso, el toro de la aldea que cubre a todas las vacas. Casi todo lo que se necesita para sobrevivir, incluido el ganado, las tierras de cultivo, las herramientas y los hornos de pan, es compartido por los aldeanos, y se espera que todos contribuyan. Además de un sistema de autogobierno, Rio de Onor incluso desarrolló su propio dialecto, ya desaparecido. 

Más información: www.turismo-braganca.com   

Texto Enrique Sancho. Open Comunicación