jueves, 21 de junio de 2018

Bragança, un pedazo de España en tierras portuguesas... y viceversa



La ciudad fue escenario de conflictos y hoy de entrañable amistad 




Situada allá donde se unen el Tras os Montes portugués con la española Zamora, Braganza –Bragança en la lengua de Camôes– ha sido testigo de interminables luchas entre los dos pueblos vecinos, ha pertenecido durante 60 al reino de España, desde Felipe II hasta Juan II de Bragança, y ha dado nombre a una de las familias con más linaje de Portugal, cuyos condes actuales son los aspirantes al trono del país luso.  

Una de sus ilustres ciudadanas, Bárbara de Braganza, fue reina de España al casarse con Fernando VI, fundó el convento de las Salesas en Madrid, donde reposan sus restos, junto a los del rey. Bragança es Portugal, claro, pero la cordialidad de sus gentes, la calurosa acogida al forastero hacen que uno se encuentre como en casa. 

El Castillo de Braganza


El espectacular  castillo preside  el núcleo urbano medieval .


Recuerdo de aquellos turbulentos tiempos es su espectacular y bien conservado castillo, que preside la ciudad y el núcleo urbano medieval dentro de sus murallas. En ellas se intercalan quince torres y tres puertas, en las que se destaca la Torre da Princesa, antigua dependencia de la Casa dos Alcaides, que esconde la leyenda de una princesa hecha prisionera, y la Puerta de la Vila que acoge a quienes visitan el castillo. Lo mandó construir en 1409 D. João I, sobre los cimientos del anterior, edificado por el primer rey de Portugal, Alfonso Henríquez.  

No es mal lugar para comenzar el recorrido por esta villa que guarda muchas sorpresas. Nada más entrar en la ciudadela o plaza de armas por la Puerta de la Vila, se descubre la primera de ellas en la Picota, que tiene como base un verraco lusitano que recuerda los orígenes celtas de la región y también a esculturas parecidas que aparecen en muchos lugares de España, con los Toros de Guisando como mejor símbolo. 

La ciudad a los pies 


En la gigantesca Torre del Homenaje, que en la Edad Media vigilaba las fronteras, se obtiene hoy una vista preciosa de la ciudad y del amplio horizonte de montañas que la rodean. En su interior, el Museo Militar cuenta la historia del castillo y buena parte de la de Portugal. Entre dagas, espadas, rifles y pistolas desde el siglo XIII hasta la Primera Guerra Mundial, y piezas de las campañas africanas de Portugal a fines del siglo XIX, destacan los artículos personales de Gungunhana, un rey tribal que se rebeló contra el imperio portugués y vivió sus días en el exilio en las Azores. 

En la ciudadela también se encuentra la Iglesia de Santa María, en la que destaca el techo de bóveda de cañón de madera pintada que representa la Asunción de María y el espléndido altar barroco en la capilla principal.

Interior de la iglesia de Santa María, en la ciudadela.


Al lado está la Domus Municipalis, ejemplar de arquitectura civil románica único en Portugal. Con la forma de un pentágono irregular, está compuesta por una cisterna abovedada sobrepuesta por una galería amplia con ventanas alrededor, que se ha identificado como el lugar de reunión de los "hombres buenos" del consejo. 

También se conserva un antiguo conjunto de casas medievales de calles estrechas y pequeñas viviendas encaladas de blanco.  En una de estas casas se encuentra el original y un poco abigarrado Museo Ibérico de Máscara e Do Traje, que alberga una fascinante y colorida colección de máscaras y atuendos que se utilizaban para celebrar los antiguos festejos de origen pagano del solsticio y el Carnaval y otros festivales de la región, que incluye también a localidades zamoranas. 

La zona nueva 


Fuera de las murallas, la ciudad creció hacia el oeste, conservando casas nobles y monumentos religiosos como la Catedral, la Iglesia de San Vicente, la Capilla de la Misericordia o la Iglesia de Santa Clara, entre otros muchos conventos e iglesias. Se conoce como la ciudad nueva, aunque no lo sea tanto. 

La iglesia da Sé o Catedral de Braganza. Frente a ella la Picota


Su Catedral, la Igreja da Sé, fue construida durante el siglo XVI por iniciativa del Ayuntamiento y con el apoyo del duque D. Teodósio. Destaca su pórtico renacentista que incorpora algunos elementos barrocos en la fachada lateral norte. El interior está bastante decorado, destacando el arco triunfal con las armas de la ciudad, el altar mayor de talla dorada del s. XVIII y los retablos laterales, de la misma época. 

Los Museos


Recorriendo sus tranquilas calles salen al paso bellas casas solariegas, palacetes, blasones que adornan regias fachadas, paneles de azulejos, fuentes, casas en arco, cruceros y, una vez más, pequeñas y grandes iglesias y conventos. Pero lo que más sorprende en esta relativamente pequeña ciudad es la cantidad y calidad de sus museos.

El Museo Ibérico de la Máscara y el Traje


Entre ellos, además del mencionado Museo Militar y el de Máscaras en el castillo, destaca el Museo Abade de Baçal, magníficamente instalado en el antiguo Palacio Episcopal, que cuenta con una valiosa colección que da a conocer la historia religiosa, social, política, económica y artística del Nordeste Transmontano y la memoria del antiguo Palacio Episcopal. Recibe su nombre en homenaje al sacerdote Francisco Manuel Alves (1865-1948), Abad de Baçal, hombre erudito, interesado en la investigación histórica y artística de la región, que contribuyó enormemente a la concepción y construcción de este museo.


Vista exterior del Museo " Abade de Baçal"



Casi al lado está el Centro de Arte Contemporáneo Graça Morais, un proyecto arquitectónico diseñado por el arquitecto Souto Moura, galardonado con el prestigioso premio Pritzker 2011. Presenta obras de esta famosa pintora contemporánea y otras colecciones de artes plásticas, en un programa expositivo frecuentemente renovado y reforzado por otras iniciativas pluridisciplinares como programas educativos, talleres de práctica artística, espectáculos, actuaciones y actividad editorial. 

También muy próximo se encuentra el Centro de Interpretación de la Cultura Sefardita, justo enfrente de una antigua sinagoga, recuerdo ambos de la importante presencia judía en la ciudad. 

En las afueras, el Centro Ciência Viva de Bragança está instalado en un histórico molino de agua y junto a su vecina planta hidroeléctrica en el río Fervença se han convertido en un centro interactivo de ciencias y un museo para niños. 

La Gastronomía



Y si tanta visita provoca el apetito, no hay que preocuparse, se está en el lugar ideal. La gastronomía de Braganza destaca por la calidad de sus productos, con sabores y aromas que parecen exhalar de los paisajes de donde provienen. 

Botelo y casulas, un plato mítico de la gasstronomía braganzana


Además de miel, setas y castañas, que son sus productos más apreciados, la suculenta ternera mirandesa –ganado que pasta en las verdes praderas– no necesita más que una pizca de sal y brasas en el punto correcto para ser servida. Como las chuletas de cordero y el cabrito de Montesinho, de rebaños alimentados con hierbas de los montes. Los platos de caza se confeccionan en los tradicionales potes, calentados en fuego siempre encendido, de donde salen aromáticos estriados y opulentos arroces que traen a la memoria antiguos paladares. Sin olvidarse de la popular Feijoada à transmontana con numerosos ingredientes.

En la mesa transmontana nunca faltan los embutidos, elaborados con conocimientos ancestrales. A la chimenea se curan añoradas, chorizas, salpicones, jamones, chorizos de miel, y también el típico butelo (que recuerda el botillo leonés) que, acompañado por las casulas (cáscaras de frijol secas), es protagonista del festival gastronómico realizado en la ciudad a mediados de febrero.  

Un entorno privilegiado 


Braganza disfruta de un entorno natural privilegiado


Antes de abandonar, para luego volver, la ciudad de Bragança, hay que transitar tranquilamente por el paseo pedestre, recientemente beneficiado del Programa Polis, que une las faldas del castillo con la zona antigua, bordeando en buena parte el río Fervença. Un delicioso recorrido al que solo le falta renovar el pasamanos de madera, podrido por la humedad, una de las prioridades del activo y simpático alcalde de la villa, Hernani Dias, en los próximos meses. 

Para disfrutar el entorno en que se encuentra Bragança, hay que acercarse al Parque Natural de Montesinho, donde se respira un aroma rural por todas partes. Son unas 74.000 hectáreas de picos de granito, verdes prados, páramos y bosques. Suaves colinas, surcadas por valles donde corren los ríos entre chopos, alisos, sauces, bosques inmensos de roble negral, castaños y encinas, caracterizan el paisaje de este Parque en el que se encuentran aldeas de casas tradicionales con paredes de pizarra o de granito que se funden con el medio. A veces, su presencia prácticamente no se intuye, en una sintonía casi perfecta entre el hombre y la naturaleza.  

El predominio de pizarras y calcáreo en las mesetas y granito en lo alto de la sierra de Montesinho constituye la diversidad geológica de este espacio que, junto con sus variantes climáticas, origina una flora muy variada, hábitat ideal para animales como el lobo, el jabalí, el corzo, el venado y cerca de 240 especies de fauna que se sienten en seguridad en el parque. 

Casas  típicas de Río de Onor, localidad fronteriza, mitad portuguesa y española


En el parque natural, justo en la frontera con España, está Rio de Onor, pueblo fronterizo pastoral, mitad español, mitad portugués, que parece podría ser un museo al aire libre. La configuración remota y la dureza del entorno local ayudaron a dar lugar a una forma distintiva de hacer las cosas, descrita como una "aldeia comunitária"

Conserva en funcionamiento los más variados equipamientos utilizados en común por toda la población desde el horno del pan, la fragua, dos molinos de agua, el lavadero, los pastos e, incluso, el toro de la aldea que cubre a todas las vacas. Casi todo lo que se necesita para sobrevivir, incluido el ganado, las tierras de cultivo, las herramientas y los hornos de pan, es compartido por los aldeanos, y se espera que todos contribuyan. Además de un sistema de autogobierno, Rio de Onor incluso desarrolló su propio dialecto, ya desaparecido. 

Más información: www.turismo-braganca.com   

Texto Enrique Sancho. Open Comunicación

viernes, 8 de junio de 2018

Rila, perla de los Monasterios de Bulgaria.



Vista aérea del Monasterio de Rila. Foto https://www.youtube.com/watch?v=EGIGWQ-MqkM



Sin duda alguna los monasterios son uno de las grandes atractivos de Bulgaria. Y  entre ellos destaca especialmente el Monasterio de Rila,  uno de los símbolos del país y un destino turístico imprescindible. 

Tuvimos la fortuna de visitar Rila durante una de nuestras visitas desde la capital. Suerte además porque aquel día había dejado de nevar, y el sol brillaba en todo su esplendor. Situado a unos 120 kms al sur de Sofia, buena parte de la ruta se  efectúa por la carretera nacional A-3. Después de Boboshevo,  a partir del km 90, la ruta se desvía hacia el este, atravesando  bosques seculares de grandes coníferas, anidados en las montañas de Rila, siguiendo el valle del rio Rilska.  

En ese cambio de ruta nos fue apareciendo la nieve,  que ya nos había acompañado el día anterior en Sofia; cosa bastante normal para un lugar entre montañas a 1.200 metros de altitud y en el mes de diciembre.  

San Juan o Iván de Rila 

Se relaciona la fundación del Santo Monasterio de Rila con un ermitaño, Iván o Juan, que, en el siglo X, a una temprana edad y, al parecer desilusionado con la decadencia moral  de la sociedad medieval, se hizo monje eremita y se retiró a vivir a un lugar recóndito de la montaña. Allí pasó su vida en una cueva,  lejos de las vanidades y tentaciones del mundo. Nadie consiguió sacarle de su aislamiento , ni siquiera el rey Péter  quien  le visitó varias veces.  

 Iván de Rila, Icono del Santo, S X.
Foto, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3966364


Su hagiografía cuenta que Juan  vivió santamente en el hueco de un árbol,  tallado en forma de ataud. Pronto se extendió su fama de santidad y acudieron en su compañía otras eremitas que querían seguir su ejemplo. Al final de su vida fundó el monasterio para albergar a todos estos monjes ermitaños. Tras su muerte, la iglesia ortodoxa lo canonizó con el aprecio de su virtud, bajo el nombre de  Sveti Ivan Rilski o San Juan de Rila.  Su tumba  pronto  se convirtió en un lugar sagrado de peregrinación y el primitivo monasterio fue  transformándose poco a poco en un complejo mayor. 

Símbolo de la cultura búlgara, eslava y cristiana

Iglesia de la Natividad. Foto http://www.1zoom.me/es/wallpaper/513672/z10021.9/3840x2160


Desde su creación, el Monasterio de Rila fue siempre apoyado y respetado por los gobernantes búlgaros. Grandes donaciones fueron hechas por casi todos los zares del período medieval conocido como Segundo Imperio Búlgaro, hasta la conquista otomana, convirtiendo al Monasterio en un centro cultural y espiritual de conciencia nacional búlgara que alcanzó su apogeo entre los siglos XII al XIV.  Los edificios más antiguos del complejo son del siglo XIV: la Torre de Hrelja (1334-1335) y una pequeña iglesia justo al lado (1343). El trono del obispo y las puertas ricamente labradas del monasterio también se remontan al siglo XIV. 

Sin embargo, la llegada de los otomanos acabó provocando la decadencia y destrucción del monasterio a mediados del siglo XV. Gracias a las donaciones de la princesa serbia Mara Branković, de la Iglesia Ortodoxa Rusa y del monasterio Rossikon del Monte Athos, en Grecia, el monasterio de Rila fue reconstruido a finales del siglo XV  y las reliquias de Iván de Rila fueron traídas desde Tarnovo, donde habían sido trasladadas tras la invasión,  al nuevo complejo en 1469. El monasterio renovado actuó como depositario del idioma y la cultura búlgara en las épocas de dominio extranjero. 

El Renacimiento Nacional del siglo XIX

Frescos del pórtico de la Iglesia de la Natividad.
Foto https://descubrebulgaria.net/2016/02/20/el-monasterio-de-rila/nikona/


Durante el periodo del Renacimiento nacional búlgaro (siglos XVIII-XIX), Rila fue de nuevo destruido por un incendio, en el año 1833 y reconstruido otra vez entre 1834 y 1862 con la ayuda de adinerados búlgaros de todo el país, y bajo  la dirección del famoso arquitecto Alexi Rilets. 

La construcción de los edificios residenciales comenzó en 1836, mientras que un campanario se añadió a la Torre de Hrelyu en 1844.  El abad, profesor y artista Neofit Rilski fundó en el monasterio una influyente escuela de traducción y desarrollo del moderno idioma búlgaro.  Rila  es famoso también  por ser uno de los escondites de los revolucionarios búlgaros  contra el dominio turco. 



El complejo del monasterio, considerado como una de las principales obras maestras de la arquitectura del Renacimiento nacional búlgaro, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1976 y se convirtió en Patrimonio de la Humanidad por concesión de la UNESCO en 1983. Desde 1991  depende  del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Búlgara.

El 25 de mayo de 2002, el Papa Juan Pablo II visitó el monasterio de Rila durante su peregrinación a Bulgaria. Fue recibido por el Igumen ( Abad) del Monasterio, el Obispo Ioan, que había sido observador en el Concilio Vaticano II. 

Una arquitectura singular 

Edificio de las celdas monásticas. Foto https://www.mylittleadventure.com/best-things 


En su aspecto  actual, el Monasterio data pues en su mayor parte del siglo XIX. En el siglo XX se construyó el ala este, situada detrás de la iglesia y la torre. Visto desde el exterior el conjunto se asemeja a una fortaleza con ventanas. Tiene forma poligonal irregular y una única entrada  (la Dupnishka)  por el lado oeste; a través de la cual se accede directamente al hermosísimo patio del edificio. Es una vista preciosa, realzada en nuestro caso por el blanco manto de  la nieve que lo cubría. 


Frescos de pórtico. Detalle. Foto http://keramatad.com/english/landmarks-predela-hotel/rila-monastery-41/


El interior de esta fortaleza semeja unos grandes claustros abovedados situados  en diferentes pisos. Varias escaleras permiten acceder a ellos. Los arcos y algunas paredes tienen dibujos geométricos y a rayas, en tonos negros y rojizos, influencia de la arquitectura mamluk del Egipto otomano. Y en el centro de este inmenso patio la Torre de Hrelyu, con cinco plantas y evidente uso defensivo,  que es lo más antiguo del monasterio. 

Todo el conjunto monástico tiene una superficie de 8.800 metros cuadrados defendidos por un muro de 22 metros de alto. Una autentica fortaleza. El monasterio consta de alrededor de 300 salas, 100 de las cuales son celdas monásticas, a las que se accede por escaleras y corredores.  

La Iglesia  de la Natividad de la Virgen Madre

Iglesia de la Natividad. Interior. Iconostasio


La Iglesia, en el centro de todo el conjunto y bajo la advocación   de la Natividad de la Virgen Madre,  se construyó entre  1834 – 1837 y presenta una armoniosa estructura con un conjunto de cúpulas y arcos con rayas de colores, distribuidos a distintos niveles. Toda una arquería recorre el exterior repleto de murales policromados de gran belleza, otra de las joyas del monasterio.  

En el interior del templo, la gran alhaja es el Iconostasio; con 10 metros de largo y de madera tallada con estilizadas formas de adornos florales.  Y todo cubierto con pan de oro y salpicado de imágenes simbólicas de personas y animales, además de escenas bíblicas; son obra de los maestros procedentes de Samokov y Bansko. Aunque fueron muchos los artistas tanto del pincel como del cincel que trabajaron en esta iglesia, solamente Zachary Zograf dejó su firma. 

Como atractivo especial puede verse el Sarcófago de San Juan de Rila, y  la tumba del zar Boris III,  envenenado por los nazis en 1943 por su empeño en salvar a los judíos búlgaros. 

El Museo del Monasterio

Merece absolutamente la pena visitar el Museo cuya existencia data de finales del siglo XIX. La exposición del museo incluye ejemplos del arte búlgaro y extranjero de los siglos XIV al XIX, entre ellos  cuadros antiguos, piezas de orfebrería y cartularios.  

Cruz de Rafail.  Detalle


La pieza más valiosa es la llamada  Cruz de Rafail, una talla hecha de una pieza entera de madera (81 cm × 43 cm). Fue elaborada por un monje llamado Rafail usando buriles finos y lentes de aumento para recrear 104 escenas religiosas y 650 figuras en miniatura. El trabajo de esta obra de arte duró no menos de 12 años antes de que se completara en 1802, cuando el monje perdió la vista. 

Contiene también una rica Biblioteca con manuscritos de los  siglos XI al XIV así como libros impresos con miniaturas y objetos ornamentales de gran valor.  Con más tiempo se puede visitar la cueva donde vivió el santo y los aposentos de invitados de la abadía.  

El paseo de salida por el patio fue algo inolvidable,  a pesar del suelo peligroso por la nieve que caía intermitente. A escasos kilómetros de Rila, en un hotel-albergue, compartimos el comedor con un grupo de turistas japoneses. Y pudimos degustar las truchas del río Rilska. 

Al regreso, antes de llegar a Sofia, visitamos Bankia que, en tiempos, fue una magnifica estación balnearia,  hoy en total decadencia.

miércoles, 11 de abril de 2018

Bulgaria IV. Las Joyas de Boyana en Sofia



La zona residencial de Boyana se encuentra a los pies del imponente Monte Vitosha



Durante una de nuestras jornadas en Sofia, nos fuimos a Boyana,  antigua aldea cercana a la capital y hoy una zona residencial en las faldas del Monte Vitosha, a unos 7 kms del centro de la ciudad. En ese distrito se encuentran dos de los mejores tesoros artísticos e históricos que alberga Sofia:  un Museo lleno de  riquezas, y una pequeña y humilde iglesia que alberga una de las joyas del arte medieval búlgaro.  

El Museo Nacional de Historia 


El Museo Nacional de Historia de Sofia ocupa la antigua residencia del Presidente de la República Popular de Bulgaria. Foto https://commons.wikimedia.org/ 


Aunque las obras maestras del arte búlgaro se pueden admirar en la Galería Nacional de Arte, ubicada en el edificio del antiguo Palacio Real, quizás la visita más interesante sea  la del Museo Nacional de Historia, uno de los más nutridos y  ricos de los Balcanes y el mayor de los museos búlgaros. 

El museo ocupa desde el año 2000,  la antigua residencia principal del último líder comunista Todor Zhivkov,  un impresionante edificio diseñado por el prestigioso arquitecto búlgaro Alexander Barov,  construido en 1974.  Es un inmenso rectángulo de dos plantas, elevado al fondo de una gran explanada de acceso y en un entorno de naturaleza boscosa. 

Ciertamente el museo está muy bien montado y su visita resulta  recomendable,  atractiva, aunque algo abrumadora por la cantidad y variedad de los fondos expuestos. El Museo Nacional de Historia, el más grande del país, posee cerca de 700.000 piezas de arqueología, bellas artes, historia y etnografía, aunque solamente están expuestas un 10 %. del total.. 

Presenta  la historia de las tierras búlgaras desde hace unos 8.000 años hasta nuestros días, incluyendo vestigios tracios, griegos, romanos, bizantinos,  medievales, otomanos,etc. Destacan sobre todo los maravillosos objetos de oro de los tracios, así como iconos y frescos que recuerdan la historia de la iglesia búlgara bajo los otomanos. 

El Tesoro tracio  de Panaguiurishte es una de las colecciones  más extraordinarias que guarda el Museo Nacional de Historia. Foto   By Nenko Lazarov - http://www.imagesfrombulgaria.com/v/Tcommons.wikimedia.org 


La exposición se articula en dos plantas ordenadas cronológicamente. En la primera  planta están las salas dedicadas a la Prehistoria, los tracios antiguos, griegos y romanos, la Bulgaria medieval y la Bulgaria en el periodo otomano. Quizás las mejores piezas de esta planta sean una  escultura de la Madre Tierra datada hacia el 6.500 a.C. que fue hallada en las afueras de Targovishte,  que solo tiene 14 cm. de alto pero es magnífica; y sobretodo el Tesoro de Panaguiurishte formado por bastantes piezas de oro puro, de la época tracia de los siglos IV y III a.C.  Otros vestigios de la misma cultura, procedentes de excavaciones recientes, incluyen magníficas muestras de los Tesoros de Valchitran, Dabene y  Rogozen  El montaje de las piezas es excelente y le acompañan explicaciones ( en búlgaro e inglés ) y numerosos mapas descriptivos de cada época. Recuerdo también en esta primera planta un impresionante fresco del  siglo XVII que representa el tema del Juicio Final.  

En la segunda planta se encuentran las salas dedicadas a la movida historia de Bulgaria tras la liberación de 1878, así como trajes típicos y artesanía,  y exposiciones temporales. Cosas interesantes para comprender mejor la historia contemporánea del país,  pero nada comparado a los tesoros anteriores.  

La Tienda del museo ofrecía valiosas reproducciones, desde joyas hasta los vasos tracios de gran valor decorativo.  

La Iglesia de San Nicolás y San Pantaleón de  Boyana 


La primitiva iglesia de San Nicolás y San Pantaleón de Boyana.  Foto Svilen Enev -  https://commons.wikimedia.org/ 


No muy lejos del Museo Nacional de Historia, se encuentra la Iglesia de Boyana, uno de los monumentos búlgaros incluidos en la lista de la UNESCO del Patrimonio de la Humanidad. 

Para llegar ascendemos por una estrecha carretera bordeada de  residencias y casitas de vacaciones, en la ladera del Monte Vitosha. En medio de  un parque arbolado,  se encuentra la pequeña iglesia de   San Nicolás y San Pantaleón;  sobria y sencilla en su exterior de piedra y ladrillo, las joyas están en su interior.  Fue construida en tres etapas: la  primera en el siglo XI,  la segunda en el siglo XIII y la tercera a mediados del siglo XIX. Esta última fase fue realizada para reforzar el exterior que estaba bastante deteriorado. 

La primera estancia, donde se recibe a los visitantes, carece de interés. El verdadero tesoro se encuentra en la segunda, con planta de cruz griega,  donde  paredes y techos están cubiertos de extraordinarias pinturas murales del siglo XIII. Los retratos de los frescos, realizados por maestros anónimos locales, muestran una calidad y un realismo inusual para su época.  Es uno de los pocos monumentos del arte cristiano medieval búlgaro, que han llegado hasta nuestros días.  

Pinturas murales. Interior de la Iglesia de Boyana.  FotoBy Interact-Bulgaria -https://commons.wikimedia.org/ 


Las grandes joyas del humilde templo son, por  tanto, las pinturas murales del año 1259, que reflejan los logros sobresalientes de la cultura búlgara medieval. Cada una de las 240 imágenes recreadas se caracterizan por su individualidad y valor artístico. Los retratos de los donantes, el "sebastocrátor"( gobernador) Kaloyan y su esposa Desislava, y el zar búlgaro Constantino  Asen Tij (que gobernó entre 1257 y 1277) y la zarina Irina de Nicea, son unas de las imágenes más antiguas conservadas de personajes históricos del país. 

Fresco de San Nicolás. Foto  https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=265061


La iglesia fue cerrada al público en 1954 para ser restaurada. Fue reabierta parcialmente en 2006. Como medida de protección, se ha instalado aire acondicionado para mantener la temperatura a 17-18 grados   con una iluminación fría de baja intensidad. Los grupos de visitantes, nunca más de 10 personas al mismo tiempo,  pueden permanecer  un máximo de 15 minutos en el interior.   


La mañana finalizó en "Boyanska Hanche",  un agradable restaurante asador próximo a la iglesia. Un menú de temporada:  rica sopa de verduras con picatostes, excelente carne guisada y un pastel de postre nos reconfortaron  del frío aunque soleado día invernal. Una jornada memorable

viernes, 23 de marzo de 2018

Bulgaria III. Un paseo por el centro histórico de Sofia.


Monumento al Zar Libertador, frente al Parlamento y  la Catedral de Alexander Nevski. Foto www.balcanicaucaso.org



Nuestra visita de hoy, recorrerá la capital de sur a norte. Tenemos suerte, pues al contrario del día anterior, el tiempo es magnífico, frío pero soleado. 

Comenzamos en el Bulevar Vitosha, en pleno centro de la capital. Esta arteria peatonal alberga una gran zona de tiendas, cafés y servicios . Es, sin duda,  la calle más comercial de Sofia. Así lo demuestra la presencia de centros de moda del Grupo español Inditex (Zara) que, como es notorio,  siempre elige los lugares más emblemáticos. 

Después de disfrutar de un agradable paseo por el bulevar, y de realizar algunas compras, nos dirigimos hacia la Plaza Sveta Nedelya. Antes de llegar, a nuestra mano izquierda encontramos un noble y hermoso edificio, de estilo clásico, con una amplia columnata corintia en la fachada y escalinatas de acceso,  enmarcadas por las figuras en bronce de dos poderosos leones. Es el Palacio de Justicia construido en el año 1936


La Catedral de Sveta Nedelya


Catedral de Sveta Nedelya. Foto De Plamen Agov  https://commons.wikimedia.org 



Muy cerca divisamos ya las cúpulas de la Catedral ortodoxa de Sveta Nedelya o del Domingo Santo, levantada entre los años 1927- 1933. La antigua Catedral quedó arrasada por un terrible atentado terrorista, de orientación comunista, que sufrió en 1925 y que ocasionó más de 100 muertos. La primitiva catedral que databa de 1856-63, levantada sobre los restos de una iglesia mucho más antigua, fue un símbolo del renacimiento búlgaro que siguió al término de la dominación turco-otomana. Con ello quedó derogada la prohibición de construir templos cristianos sobresalientes. 

Esta nueva Catedral fue levantada sobre planos de Iván y Ángel Boyanin famosos arquitectos del llamado estilo Renacimiento Búlgaro. La Catedral ofrece un bello interior con un Iconostasio del año 1878, que sobrevivió al ataque de 1925, lleno de reliquias que según la leyenda “ ayudaban en las calamidades de la naturaleza y protegían de la peste”. El edificio cuenta con un gran pórtico y torre,  aunque lo que más destaca es su gran cúpula central. 

El Bulevar  Reina María Luisa


Bulevar de la Reina María Luisa

En esta zona entramos ya en el núcleo de la antigua Serdica cuyas ruinas excavadas se contemplan a lo largo del Bulevar de la Reina Maria Luisa,que debe su nombre a María Luisa de Borbón-Parma, princesa consorte de Bulgaria y esposa del rey Fernando I

El día anterior habíamos visitado los vestigios subterráneos alrededor de la Rotonda de Sveti Giorgi y el Palacio Presidencial. Ese día la nieve y el frío nos habían ofrecido una imagen triste, inhóspita, de la capital búlgara. Hoy, que lucía un sol radiante, y aunque la temperatura era muy baja, la ciudad aparecía más hermosa y brillante. En este nuevo paseo pudimos constatar que las ruinas de la antigua Serdica que visitamos hoy, forman parte de un conjunto mucho mayor. 

Estuvimos ayer y estábamos hoy,  en el pleno centro histórico y actual de la capital búlgara con sus espacios de restos urbanos cargados de historia. Creo  que ha sido una magnífica idea mantener las ruinas visibles bajo las calles y avenidas actuales, ofreciendo un espléndido museo al aire libre, al tiempo que se ha evitado la desaparición de elementos históricos irrepetibles. Por otra parte, no conozco ninguna otra capital europea que en tan corto espacio urbano concentre, tan cercanos unos a otros, los centros religiosos ortodoxos, católicos, judíos y musulmanes. 

La Iglesia de Santa Petka Samardzhiiska


La Iglesia de Santa Petka Samardzhiiska. Foto Par Manastirile — https://commons.wikimedia.org 


Siguiendo por este Bulevar de Maria Luisa,  atravesamos la Plaza Nezavisimost o de la Independencia, bajo la enorme efigie de Santa Sofía y dejando a nuestra derecha el conjunto arquitectónico estalinista llamado el Largo. 

Justamente en los fosos arqueológicos excavados bajo la acera derecha del bulevar, entre las ruinas de Serdica, aparece una humilde y diminuta construcción de ladrillo antiguo y teja romana: es el templo de Santa  Petka Samardzhiiska


Interior y frescos de  la iglesia de Santa Petka. Foto By Ann Wuyts - https://commons.wikimedia.org 


La iglesia fue fundada en el siglo XI, en honor de Santa Petka Paraskeva, mártir cristiana del siglo III. Su construcción se realizó probablemente sobre una antigua cripta de época romana. Bajo la ocupación otomana la iglesia fue mantenida con los donativos de los artesanos de Sofia y especialmente del Gremio de los Talabarteros o Guarnicioneros, el arte de trabajar diversos artículos de cuero o guarniciones para caballerías, del que tomó su nombre de Samardzhiiska ( del búlgaro Samar = talabarteros ). La sociedad de la época necesitaba a estos gremios artesanos,  ya que para la carga ó para la monta de caballos, asnos y mulos , los productos del "samar" tenian una enorme demanda en los mercados de aquel tiempo. 

A lo largo de los siglos el templo de Santa Petka sufrió numerosas agresiones y sus pinturas murales del siglo XV, de gran valor, se encuentran en estado deplorable. Son destacables los frescos de la nave principal que reflejan escenas del Nuevo Testamento. Es un templo muy pequeño pero de resonancias históricas, artísticas y religiosas muy evidentes, por lo que bien merece una detenida visita. 

La Mezquita de Banya Bashi


Mezquita de Banya Bashi.  Foto  MrPanyGoff - https://commons.wikimedia.org 



Desde Santa Petka, dirigiendo nuestra vista sobre los restos arqueológicos anexos, distinguimos al fondo, la gran cúpula y el minarete de la Mezquita de Banya Bashi. Edificada en el año 1575, ya en plena dominación turca, fue diseñada por Sinan el Arquitecto, famoso padre de la arquitectura otomana. No es un edificio muy grande, pero si es armonioso, con un pórtico delantero y un pequeño pero elegante alminar. 

El nombre de Banya Bashi que significa "muchos baños",  se debe al hecho de estar rodeado el templo de antiguos manantiales de agua mineral (al lado se encuentran el edificio de los Baños Termales). El interior tiene forma cúbica, con tambor octogonal coronado con una cúpula de 15 metros de diámetro. El elemento más destacado de la mezquita es su airoso alminar. 

El antiguo Balneario y el  Museo de Historia de Sofía


Museo de Historia de Sofia. Antiguo Balneario. Foto BTA Radio Bulgaria


En la plaza contigua, los jardines del antiguo Balneario, se asoma un bello edificio de comienzos del siglo XX, que albergaba los antiguos Baños Públicos Termales de Sofia. Pertenece al estilo romántico modernista, inspirado en el movimiento Sezession vienés, con una fachada artística, airosa y elegante. Los baños estuvieron en uso durante 70 años y se cerraron en los años 1980. 

Hoy el edificio alberga el Museo de Historia de Sofia abierto al público desde el año 2015. La exposición permanente se puede ver en 8 salas diferentes que cubren la evolución histórica de la capital, a lo largo del período comprendido entre el VI milenio a.C. y la década de 1940: Antigüedad; La fuerza del Espíritu; Enlaces con las dinastías europeas; Una calle de Sofía; Instituciones estatales y municipales; Casa y ropa en Sofía; Cultura y ocio. Muy interesante como edificio y como museo, recomendamos su visita. 

El Mercado Central


Mercado Central.  Foto Von Apostoloff -  https://commons.wikimedia.org/ 


Regresando al Bulevar María Luisa, y frente a la mezquita, encontramos el Mercado Central de Sofia. Se trata de un gran mercado cubierto típico de la Europa de finales del XIX y principios del XX. Fue inaugurado en 1911 y es hoy en día un importante centro comercial en la ciudad, visitado por muchos turistas. 

La construcción del edificio, que abarca más de 3.200 m², se inició en 1909 partiendo del diseño del arquitecto Naum Torbov. Con su estructura metálica de tipo francés, tiene un alto techo y un piso segundo con barandillas, que domina todo el espacio. Me recordó de inmediato al Gran Mercado de Budapest y también al de Wroclaw, en Polonia; está muy bien surtido y ofrece puestos que sirven comida rápida. En el subsuelo pueden verse restos y antigüedades de la histórica fortaleza romana de Sérdica. 

La Sinagoga de Sofia 


Sinanoga de Sofia. Interior.  Foto   User, https://commons.wikimedia.org 

Justamente detrás del Mercado Central, nos topamos con la Sinagoga de Sofía. Este templo judío es una de las dos sinagogas que funcionan en Bulgaria, ( junto con la de Plovdiv), y la tercera más grande de Europa. Fue levantada por la comunidad judía sefardí de Sofía, sobre planos del arquitecto austríaco Friedrich Grünanger, en una interesante combinación del estilo Sezession modernista vienés y el neo morisco. Se inauguró oficialmente el 9 de septiembre de 1909 en presencia del zar Fernando I de Bulgaria. 

Cuando llegamos a la entrada acababan de cerrar el acceso; sin embargo amablemente nos permitieron la visita. Tras un pequeño cacheo de seguridad, pasamos al interior. Una gran bóveda central cubre el espacio solemne, de gran elegancia; el santuario está rodeado de una barandilla que sustenta 4 grandes candelabros de siete brazos. Todo en mármol blanco de Carrara, al igual que las demás columnas que enmarcan el circulo sagrado. El suelo es del mismo material pero en diversos colores;  las paredes se cubren con ornamentos y una lámpara central de cristales con más de 2 toneladas de peso. Todo absolutamente sobrio pero impresionante. Hay un pequeño museo que no pudimos ver por falta de tiempo. Sin duda una visita obligada.


La Catedral Católica de San José


 Catedral Católica de San José. Foto  Jerzy Kociatkiewicz  https://commons.wikimedia.org 


Continuamos nuestro paseo por este agradable barrio,  de comercios diversos y curiosos, y un pequeño mercado cubierto con interesantes muestras de artesanías locales. Ya era tiempo de regresar al hotel, pero antes de alcanzar la estación del Metro Serdika, aun tuvimos ocasión de visitar la Catedral Católica de San José. 

Ubicada en la confluencia de la Avenida Todor Alexandrov y la calle del Rey Boris I, es la concatedral de la diócesis de Sofía - Plovdiv, junto a la catedral de San Luis en esta última ciudad. El templo, de factura contemporánea, fue reconstruido sobre las ruinas de la iglesia precedente, destruida por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial. La primera piedra de la nueva catedral fue colocada personalmente por el Papa Juan Pablo II durante su visita a Bulgaria en 2002 . Su inauguración tuvo lugar en mayo de 2006. Una escultura del Karol Woitjla junto a la entrada, recuerda con devoción esta visita del Pontífice. 

De regreso a nuestro hotel

Desde allí, una sola parada del moderno Metro de Sofia nos separaba de nuestro hotel. Realmente había sido un día fantástico, no solo por el tiempo claro y soleado, sino por todas los monumentos y obras de arte que habíamos contemplado. Al día siguiente aún nos esperaban dos joyas ubicadas en las afueras de Sofia, en las estribaciones del Monte Vitosha: el Museo Nacional de Historia y la Iglesia Boyana de los que hablaremos extensamente en un próximo artículo.