martes, 22 de enero de 2019

Plovdiv, el corazón de Bulgaria. Capital Cultural Europea 2019





Visa aérea de Plovdiv. Foto CNN



Plovdiv fue una de las grandes sorpresas de este viaje a Bulgaria. Uno de esos lugares asombrosos, con revelaciones inesperadas y muy agradables. Es esta una ciudad moderna, y culta cuyo pasado ha dejado un rico patrimonio arquitectónico. Además, su situación a orillas del río Maritza y sobre la base de la antigua ciudad romana, le da una singularidad especial. Es la segunda ciudad del país en importancia  y, sobre todo,  un cruce de caminos ya que , en ella  convergen las rutas de Asia Menor hacia Europa y del Centro de Asia hacia Grecia  y el Mar Egeo.  

Como ciudad es muy antigua, más que Atenas, Roma, Cartago o Constantinopla, aunque no siempre se la ha conocido con el mismo nombre y eso puede despistar. Los Tracios, en el siglo XII a.C, la llamaban  Evmolpia en honor al mitológico rey Evmolp a quien se  atribuye su fundación. La asentaron en la colina de Nebet Tepe donde ubicaron una fortificación defensiva que, sin embargo, no pudo impedir que el año 342 a. C fuera conquistada por los macedonios al mando del rey Filipo o Philippo II,  el padre de Alejandro Magno, que la bautizó con su propio nombre, Philippopolis o ciudad de Filipo, y reforzó la fortificación anterior con gruesas murallas. 

Años más tarde fue recuperada por los tracios que la llamaron  Pulpudeva (trasliteración  de Philippopolis),  hasta que en el siglo I la ciudad cayó bajo el dominio del Imperio Romano. Por su situación, a los romanos les interesó la ciudad porque desde ella controlaban el eje de la Via Diagonalis, la calzada romana que unía Singidunum, la actual Belgrado, con Constantinopla.. La llamaron Trimontium, ó ciudad de las tres colinas, convirtiéndola en el gran centro regional que , con los años, llegó a ser la capital de la provincia de Tracia. Debido a su crecimiento, la ciudad se expandió fuera de las fortificaciones, descendiendo hasta los pies de las colinas.

De nuevo en el siglo VI, volvió a ser conquistada, esta vez por los Eslavos que la rebautizaron como Puldin.  Por fin, en el año 815 la conquistaron los Búlgaros y pasó desde entonces a estar bajo control de Bizancio, durante más de 500 años,  hasta  que los ejércitos otomanos la ocuparon en 1365 y asignaron a la ciudad el nombre de Filibe.  

Durante el dominio turco, una parte de la urbe  fue destruida, sobre todo porque se derribó la arquitectura bizantina para levantar edificios de tipo oriental. No sería hasta mediados del siglo XVIII, cuando comenzó el llamado  Renacimiento Búlgaro (1762 - 1878), que la ciudad revivió y adquirió gran importancia y prosperidad.  Cuando en 1878  Rusia derrotó a Turquía, y dio paso a la independencia búlgara,  el nombre de la ciudad cambió de Filibe a Plovdiv y con él se ha mantenido hasta la actualidad. Durante el periodo de gobierno comunista que se estableció en el país después de la Segunda Guerra Mundial, Plovdiv fue el centro de diversos movimientos contrarrevolucionarios que derrocaron finalmente al régimen socialista en 1989. 

Casas y callejuelas de la Ciudad Antigua de Plovdiv.


Todo esto y mucho más nos explicaba nuestra guía Guergana,  mientras llegábamos al aparcamiento donde dejamos el autobús. Íbamos a adentrarnos en las entrañas de esta ciudad, el Casco Antiguo.  Es un conjunto urbano de callejuelas  adoquinadas y en cuesta, de aire muy antiguo, y un regusto oriental, con hermosas casonas y palacios de tiempos muy arcaicos. 

A principios del siglo XX, la ciudad se levantaba sobre siete colinas, pero una (Markovo Tepe) fue destruida para posibilitar la expansión de la ciudad. La Ciudad Antigua  está sobre tres colinas, la Trimontium romana. Las otras reciben los nombres de la Colina de la Juventud,  la de los Libertadores y la  de Danov, 

Un Paseo por Plovdiv


Esta ciudad de unos 400.000 habitantes, tiene un Casco Antiguo pintoresco y muy cuidado, con calles escarpadas y suelos adoquinados, bordeadas de casas pintadas en cálidos colores y adornadas con vigas de madera a la vista; una arquitectura muy especial  la de estas elegantes mansiones que suelen esconder patios muy atractivos. 

Arco de Hysar Kipia. 
Foto By Dennis Jarvishttps://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50280931


Desde la Plaza Alexander Malinov, comenzamos el ascenso hacia esta parte antigua. Al poco tiempo cruzamos por debajo del Arco de  Hisar Kapia, que en época romana era la puerta oriental de la urbe y por ella  se tomaaba el camino hacia el lejano oriente. Hoy  el arco sigue sostenido por dos lienzos de la muralla. 
Nos vamos  aproximando a la calle Chomakov, en cuya parte alta y hacia la derecha, se accede hasta uno de los cerros repleto de restos arqueológicos. Allí, en lo alto de la colina,  estaba la primitiva fortaleza de los tracios y después de los romanos. Es un descampado en mal estado que, sin embargo nos  permite percibir desde lo alto, el desarrollo urbano  de la ciudad que queda al pie.

Antes de alcanzar el cerro, en la calle Chomakov, a mano derecha, encontramos un pequeño  jardín  recoleto pero muy bonito,  que anima la fachada esgrafiada  de una original casa del siglo XIX: es la Mansión Koyumdjloglu que alberga el recomendable Museo Etnográfico y acoge cada año el Festival de Música de Cámara. En la esquina contraria está la iglesia de San Constantino y Santa Elena cuyo  airoso campanario se inserta en la muralla romana. 

Casas del Renacimiento Búlgaro  en la Ciudad Antigua de  Plovdiv. Foto wikimedia.commons


Descendemos ahora en dirección al magnífico Teatro Romano. A ambos lados admiramos las casonas elegantes y típicas de esta ciudad. Estamos en la zona del llamado Renacimiento Búlgaro, de la primera mitad del siglo XIX,  y de este período Plovdiv conserva más de 150 casas, magníficos ejemplos que evidencian la abundancia económica que vivía la ciudad. 

Los comerciantes ricos, viajaban por toda Europa, de donde traían las ideas sobre las nuevas corrientes culturales y arquitectónicas. Exteriormente son edificios con fachadas decoradas de forma muy vistosa, en las que abunda la madera, Muchas casas guardan interiormente una simetría, de tal manera que en el centro se encuentra el salón principal y las habitaciones familiares alrededor del mismo. La mayoría se encuentran en buen estado de conservación. Algunas siguen habitadas pero casi todas se han convertido en museos, galerías de arte o incluso hoteles. Se recomiendan especialmente ver las casas Nedkovich, Stepan Hindlian, Balabanov o KymyudzhievataEn la calle Knyaz Tzeretelev está por ejemplo, la casa de Lamartine donde el famoso escritor francés descansó de su viaje por Oriente en el año 1833. 

Al final de la calle vamos a encontrarnos con el mayor tesoro arquitectónico del viejo Plovdiv, el Teatro Romano: espectacular,  abierto sobre la ciudad,  construido aprovechando la falda de la colina,  muy bien restaurado y con amplia escena, que cada verano recibe espectáculos teatrales de gran calidad.

Teatro Romano. Foto Wikimedia. commons
   

Fue  construido en tiempos del  emperador  hispano Trajano, en el siglo II d. C., y es la mejor joya del arte romano  que se conserva de la antigua Philippopolis. Quedó muy dañado por un fuerte terremoto en el siglo IV d.C, y una buena parte de su estructura  quedó sepultada durante 14 siglos. Fue en el año 1978, cuando unos trabajos en la colina Dzambaz dejaron al descubierto esta joya en  mármol. Tiene una capacidad para 6.000 espectadores en sus 14 gradas que descienden en pronunciada pendiente. La Escena es amplia y con buena decoración de la época. Es sin duda el mejor sitio para realizar teatro y conciertos durante el verano.   

Desde el Teatro Romano nos acercamos a la vecina iglesia de la Dormición de la Madre de Dios, que alberga un magnifico Iconostasio. Es una construcción del siglo XIX, del Renacimiento Búlgaro, que ocupa el lugar de otra iglesia mucho más antigua destruida durante la ocupación otomana.   

Siguiendo nuestro paseo descendemos por una amplia escalinata hacia el parque y la  Mezquita Dzumaja Dzamija, una de la más antiguas de los Balcanes y la más grande de la ciudad. No muy lejos están los Baños otomanos de Chifte Banya convertidos hoy en una Galería de Arte.   

Mezquita Dzhumaya y gradas del Estadio Romano. Foto Bulgariatravel.org


Nos acercamos a los restos del  Estadio  Romano  que fue construido en tiempos de Marco Aurelio  en el siglo II d. C. y copiando el Estadio de Delfos en Grecia. Tenía 180 metros de longitud y capacidad de 30.000 espectadores. En la citada plaza, en un subterráneo construido con ocasión de la urbanización última, podemos ver el graderío de uno de sus sus extremos.   

Aquí se inicia la calle del Príncipe Alexander I, la gran arteria peatonal y comercial, que se  trazó sobre la estructura del Circo romano,  y está llena de vida y bullicio, cines y todo tipo de comercios de moda punteras. Abundan también los restaurantes donde degustar el puklin o el vreteno a base de carne de ternera o de cerdo. así como  las crepes con confitura o las dulces bakhlavas de almendras o de pistachos, entre otras exquisiteces.Pueden encontrase también  varios establecimientos que venden las cremas y productos de estética para el cuidado de la piel en general, y de la cara en particular, fabricados con las rosas de Bulgaria,  cultivadas en el famoso Valle de las Rosas en el centro del país.   

La calle del Príncipe Alexander I, la arteria más comercial. Foto terratour bg


En la misma calle Alexander I, en la plaza de Stefan Stambolov,  se sitúa el Ayuntamiento de la ciudad y  más adelante la Plaza Tsentralen de bellos jardines y fuentes, donde se ubicaba el Foro de Philippopolis, cuyos restos son visibles todavía..   

Aquí llegamos al  final de nuestro recorrido por el viejo Plovdiv. Había merecido la pena. Las huellas romanas, bizantinas y otomanas conviven con el moderno dinamismo  de esta ciudad, la segunda más grande del país. Los eventos que animan el barrio bohemio de Kapana, se van a multiplicar en este año, con motivo de la Capitalidad Cultural Europea 2019 . Más de 500 eventos culturales están programados durante todo el año. 


Starosel, la gran sorpresa 


   

Desde Plovdiv tuvimos ocasión de visitar la pequeña localidad de Starosel,  apenas a 50 Km. pero que guarda interesantes vestigios de la época tracia.   

Anexa a Hisarya, la antigua ciudad termal romana de Augusta Dioclecianópolis, cuyas impresionantes ruinas pueden visitarse, Starosel  se ubica al pie de la cordillera de Sredna Gora.  Starosel es conocido por los prehistoriadores por la abundancia de antiguos asentamientos del periodo neolítico y más tarde tracio. Algunos hallazgos arqueológicos  se han fechado en el  sexto milenio antes de Cristo. La evidencia de las excavaciones del siglo XX revela que la aldea creció hasta convertirse en una importante y rica ciudad tracia en el siglo V a.C.   

A 4 Km del centro urbano se halló en el año 2000 el  mayor complejo real tracio con mausoleo encontrado hasta ahora,  fechado a finales del siglo V  A. de C.  Consta de seis montículos, cada uno con un Templo en su interior - de ellos cuatro son únicos por su importancia  - y les acompañan varias tumbas de la realeza. Dos de estos santuarios,  el gran templo de “Chetinyova Moguila” por ejemplo,  se pueden visitar.  Este montículo en concreto, está rodeado por un muro de bloques de granito, con una longitud es de 241 metros y 3,5 metros de alto; este muro  describe un círculo que rodea el túmulo y que, según las creencias religiosas de los tracios, simboliza el Sol. Al parecer, en el templo se llevaban a cabo ceremonias religiosas asociadas con el culto a la Gran Diosa Madre, su hijo el Sol y Orfeo.   

En nuestra visita al lugar solo pudimos admirar el exterior.  El templo no estaba cerrado pero su “vigilante” no estaba en ese momento y no pudimos visitarlo. Luego nos hablaron de una sala redonda con columnas, inspirada en este monumento,   que habían imitado en las cercanas Bodegas de Starosel que visitamos a continuación. 

Las Bodegas, el Hotel y el Centro Termal de Starosel


La gran sorpresa de Starosel fue, sin embargo,  el Complejo Turístico Lúdico y termal  del mismo nombre que ofrecía instalaciones de un moderno Spa, piscinas, hotel, restaurante y todo ello en torno a una interesante Bodega que produce un excelente  vino blanco, rosado y tinto, en un lugar idílico,  rodeado de jardines y de sus propios viñedos.   

Sala de Catas de las Bodegas Starosel. Foto Bulgariatravel.org


Nos recibió el Gerente que amablemente nos enseño una parte de las instalaciones. Era fin de semana, y el Spa, tanto la piscina exterior como la interior estaban a rebosar de visitantes y los vimos de lejos. Sí nos mostraron el hotel y la zona de cuidados estéticos. La visita terminó con una Cata de Vino en la zona interior de un “ túmulo “ artificial, donde, bajo un techo redondo, había construido una Sala de Catas circular,  imitando la forma y decoración de los antiguos templos tracios, cuyos restos se hallan en el entorno. Allí dentro tuvimos ocasión de catar un vino de cada especialidad que, en aquel ambiente tan bien logrado, nos supieron a gloria. 

El almuerzo lo tuvimos en un restaurante del complejo, una edificación de aire rústico. La comida fue muy sabrosa, con especialidades de esta llanura tracia, especialmente carne acompañada de verduras. Y por supuesto con vino de la propia casa. Tras una breve pausa  para disfrutar de los jardines, comenzamos el camino de vuelta.   

Piscina termal del Complejo lúdico de Starosel. 


Ciertamente que, esta última visita en Bulgaria, nos había dejado un excelente sabor de boca. Por la autopista de Plovdiv a Sofia llegamos aun a tiempo de disfrutar del “shopping “ en el Centro Comercial Paradise, no muy lejos de nuestro hotel. Allí casi una planta entera eran tiendas de Mango y del Grupo Inditex ( Zara ), aunque los precios eran más bajos que en España.   

Al día siguiente  madrugamos para ir al aeropuerto. Aquel día amaneció con una fuerte nevada. En el aeropuerto de Sofia los equipos de deshielo de los aviones funcionaban a toda máquina, rociando los fuselajes, trenes de aterrizaje  y planos de las aeronaves, para quitar la nieve y el hielo que los cubría,  antes de salir a pista. Al fin con algo de retraso despegamos con destino a Madrid.   

Atrás quedaba una agradable semana y el recuerdo de un desconocido país que nos había mostrado parte de lo mejor que tiene. Es posible que regresemos algún día;  y entre tanto no dudamos en  recomendarlo.  Sin duda alguna  ¡¡¡¡¡



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